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Narcotráfico
Por: Jorge Fernández Menéndez
Publicado en: Periódico Excelsior Fecha: Lunes, 5 de Mayo de 2008
El martes pasado en la región de Antioquia en Colombia fue muerto en un enfrentamiento Miguel Angel Mejía Múnera, el más importante narcotraficante de ese país. Dos días después fue detenido su hermano Víctor Manuel, ambos encabezaban la organización llamada Los Mellizos. La muerte y detención de los líderes de Los Mellizos, por los cuales Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares de recompensa por cada uno de ellos, fue parte de una operación internacional apodada Titán, en la que han participado, desde años atrás, distintos gobiernos, entre ellos el de México, Colombia y Estados Unidos.

La muerte y detención de los líderes de Los Mellizos, por los cuales Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares de recompensa por cada uno de ellos, fue parte de una operación internacional apodada Titán, en la que han participado, desde años atrás, distintos gobiernos, entre ellos el de México, Colombia y Estados Unidos. En México el primer antecedente de esta operación se dio el 22 de octubre del 2002, con el aseguramiento de un trailer con 730 kilos de cocaína pura. Meses después se decomisó, como parte del intercambio de información derivada de aquel decomiso, una avioneta con más de dos toneladas de droga.

A partir de esas acciones se identificó al principal operador en México de esa organización: se trataba de Juan Pablo Rojas López apodado El Halcón, quien controlaba el tráfico de drogas desde la ciudad de México, apoyado en la logística que controlaba Ricardo Támez Alanís. Rojas López fue detenido el 28 de enero del 2004, con un cargamento de dos toneladas de cocaína. Pero lo más importante es que desde su detención aceptó ser el operador en México de los llamados Mellizos, y reeló, desde entonces, que éstos, a su vez trabajaban con las FARC para organizar sus cargamentos hacia México y otros países. Rojas López había sido agente de la Dirección Federal de Seguridad y desde los años 80 había trabajado con el cártel de Medellín, encabezado por el fallecido Pablo Escobar. En esos años, el encargo de los envíos de Colombia a México era Miguel Angel Wellis. El propio Rojas López declaró que tras la muerte de Escobar y Wellis se retiró durante cinco años.

Pero en el 2002 volvió a ser contactado por los hermanos Mejía Múnera. Desde entonces y hasta su detención reconoció haber introducido unas 40 toneladas de cocaína en los Estados Unidos proveniente de Colombia vía México. Rojas López trabajaba con el secretario ejecutivo de Los Mellizos que era Mauricio Jaramillo Correa, quien a su vez era el enlace del grupo de éstos con las FARC.

Según las investigaciones que permitieron la desarticulación de esta organización (cuyo inicio se dio a partir de la caída de Rojas López en México), se trasladaba la droga en avionetas o embarcaciones saliendo del puerto de Buenaventura, en el Pacífico colombiano, hasta llegar a la altura de Guerrero: allí la droga era recogida en alta mar, trasladada a Acapulco y desde allí al DF, donde era depositada y distribuida a distintos compradores. Según la información recabada, incluso la venta de esa droga, si bien parece ser que tenía como principal comprador al cártel del Golfo, era vendida a distintos grupos de acuerdo a convenios previos con los proveedores colombianos. La caída de Rojas López y su organización rompió en parte ese esquema y fue una de las causas del estallido de violencia que se generó entre distintas organizaciones del narcotráfico en los últimos tres años en México. Pero también puso de manifiesto las redes que proveían la droga en Colombia y las relaciones con las FARC.

Los Mellizos eran una organización de nuevo tipo en Colombia que había reemplazado a los grandes cárteles: con un mecanismo mucho más horizontal, controlaban aproximadamente 20 organizaciones que operaban en distintos lugares del país y una vez desmovilizados los grupos paramilitares de la UAC, esa organización los reemplazó en el negocio de la venta de drogas e hizo acuerdos estratégicos con las FARC y en menor medida el ELN, en el contexto de los procesos de paz de la época de Pastrana. También modificaron su relación con los cárteles mexicanos, con una estructura más independiente y con la venta a distintas organizaciones, a partir de distintos mecanismos de financiamiento.

La muerte de uno de los hermanos Mejía Múrena y la detención del otro, prácticamente desarticula esa organización, rompe uno de los lazos más importantes que tenía las FARC para la venta de drogas desde la muerte de Tomás Medina y pondrá presión adicional a los grupos del narcotráfico en México, porque termina de cerrarse una de sus principales fuentes de aprovisionamiento de cocaína. Y pone de manifiesto, una vez más, el involucramiento de las FARC en negocios del narcotráfico en nuestro país. Un involucramiento que, según declaró ayer el jefe de la policía colombia Oscar Naranjo, se está debilitando seriamente por la falta de conductos de comercialización, lo que ha llevado a esa organización a volver a dedicarse básicamente, en esa área, a la protección de sembradíos y al cobro de impuestos para trabajar y transitar por sus áreas de control a los distintos narcotraficantes. Pero lo cierto es que los golpes a la organización de los Mellizos, iniciados en México y concluidos en Colombia, son durísimos para las organizaciones criminales de ambos países y sin un paso más para recortar los recursos de los que gozan las FARC. Aún se sabrá mucho más de estas historias.

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