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No hace mucho tiempo Jorge Fernández Menéndez platicó con un bolero en la plaza central de Uruapan, Michoacán. Fue durante uno de los operativos policiacos-militares con los que el gobierno federal trata de desenmarañar la red que ha tejido el narcotráfico en México.

Cuando el analista quiso saber qué pensaba el lustrador de calzado sobre los operativos de seguridad, éste dijo que eran buenos, pero que era mejor cuando llegaban los zetas y le pagaban mil quinientos pesos por una boleada.

Con esta anécdota, el autor de El enemigo en casa, drogas y narcomenudeo en México bosqueja cómo las bandas de las drogas en el país ya operan igual que lo hizo el cártel de Medellín, cuando Pablo Escobar Gaviria se movía como máxima autoridad en determinados territorios de Colombia.

“Se conoce y se habla mucho de cómo se movía el cártel de Medellín, con una combinación que funciona: compra de voluntades y de coerción, pero olvidamos que lo mismo está ocurriendo en México”, advierte Fernández Menéndez.

Comenta que en uno de los capítulos de su más reciente libro, que escribió junto con Ana María Salazar, se refiere a que los operativos que el gobierno del presidente Felipe Calderón está desarrollando se dan “ porque hay varias regiones del país bajo control de las bandas del narcotráfico. No hay duda de que el control territorial real en varias zonas es del narcotráfico, y pensamos siempre en Tijuana o Ciudad Juárez, pero no, también están zonas de Michoacán, Guerrero y otras más”.

Fernández Menéndez, en entrevista con motivo de la aparición de su libro, señala que es indispensable que el gobierno mantenga el combate armado en contra de los cárteles de la droga, pero que al mismo tiempo despliegue mecanismos más poderosos de tipo social para la atención de jóvenes adictos y que también “ponga mucho más el acento en el tema del dinero”.

El analista dice que si bien se está persiguiendo a las redes del dinero, y que prueba de ello son los más de 225 millones de dólares que se han decomisado al crimen organizado en lo que va de esta administración, hace falta presumirlo.

“Habría que ahondar en la investigación de la redes de lavado de dinero, conocer a dónde va el dinero, sobre todo si se estima que en México quedan seis mil millones de dólares de utilidad del negocio de las drogas. A algún lado tienen que ir”, dice.

Jorge Fernández, con años de experiencia investigando temas del narcotráfico, afirma que, aunque existen la unidad de lavado de dinero de la Secretaría de Hacienda y la de la Procuraduría General de la República, les hace falta un esfuerzo unificado para seguirle la pista a esas enormes cantidades de dinero. En México, dice, no existe una sola empresa que obtenga tan jugosas ganancias.

Ejemplo de cómo se puede perder una pista o quizá dónde las autoridades pueden seguirla, afirma el articulista de Excélsior, son las casas en donde fueron detenidos los leales a Arturo Beltrán Leyva en San Ángel. “Eran casas rentadas por un año, con pago en efectivo y por adelantado”.

También menciona que hay por ahí agencias de autos a donde llegan los narcotraficantes a comprar 15 camionetas pagando en efectivo.

Con la certeza de que la lucha contra las bandas del narco debe ser armada, como lo hacen las fuerzas policiacas y militares “pues así se podrán romper sus redes”, Jorge Fernández considera que esa estrategia de guerra debe acompañarse de la intensificación de la campaña social, como la que desarrolla Margarita Zavala, esposa del presidente Felipe Calderón, para tener en el futuro inmediato más centros de rehabilitación para jóvenes adictos.

“No se dan abasto y lo peor es que algunos de estos centros terminan siendo un gran negocio y hasta negocio de los propios vendedores de drogas; hay otros que no están al alcance de la población, porque no muchos pueden pagar 70 mil pesos por 28 días, y también están los Centros de Integración Juvenil que hacen una tarea muy importante pero están rebasados.

“Se necesita mucho más. El programa que encabeza Margarita Zavala pasa por la creación de muchos centros a nivel estatal, pero ese esfuerzo, incluso, debería ser reforzado.”

Además, opina que la campaña social y de seguimiento del dinero sucio debería tener una campaña mediática tan fuerte como la propaganda que ahora se puede observar en la televisión.

Bajo la tesis de que las bandas del narcotráfico en México operan en territorios donde se mueven sin problemas, Fernández Menéndez recuerda que todo el poder es local.

“El poder del narcotráfico primero tiene que ser local para poder crecer hacia un ámbito nacional y todos los grandes capos comenzaron por tener un centro territorial para poder crecer hacia otros ámbitos”, dice.

En ese sentido, el periodista señala que está convencido de que después de obtener esa territorialidad, el narcotráfico tiene dos componentes que son ser un gran negocio transnacional, donde muchos países tienen metidas las narices, y otro, el nacional, en donde es imposible diluir las responsabilidades.

Jorge Fernández dice que la estrategia de que Estados Unidos responsabilice a México, y México a Estados Unidos, nunca ha funcionado.

“Eso de culpabilizar lo inició Estados Unidos con la certificación, y México no se quedó atrás, cuando Gustavo Díaz Ordaz hizo famosa aquella frase: ‘Nosotros somos el trampolín de las drogas, porque ellos (Estados Unidos) son la alberca’. Desde aquel entonces se ha responsabilizado también a Colombia, pero nunca esa estrategia ha funcionado porque (…), es el gran negocio de la actualidad en todo el mundo.”

Sobre el aspecto nacional, Jorge Fernández dice que antes que responsabilizar a Estados Unidos, por consumir la droga que pasa por aquí proveniente de Colombia, y a este país por dejarla salir, hay que poner atención a cuáles son los problemas nacionales que deben ser atendidos a consecuencia del narco y a partir de eso tomar las decisiones necesarias.

“México agrega Fernández Menéndez tiene una serie de componentes que hacen que el narcotráfico desde hace mucho tiempo haya tenido un crecimiento explosivo. Por lo menos desde 1994 el narcoconsumo ha tenido un crecimiento geométrico y tenemos en algunas ciudades consumos de drogas similares a lo que tienen ciudades de Estados Unidos, quizá generan menos dinero porque la droga se vende más barata en México, pero el problema que se nos presenta es muy grave, con muchos grupos, muchas organizaciones, mucho dinero y muchos consumidores.”

Para el analista, el mercado interno y el de Estados Unidos para las bandas del narcotráfico “son dos procesos simultáneos. Por supuesto que el mercado sigue siendo Estado Unidos”, pues según cifras que Barry McCaffrey le dio a Fernández Menéndez, cuando aquél era el zar antidrogas estadunidense, el comercio de cocaína deja una utilidad de 60 mil millones de dólares anuales en Estados Unidos.

“Por eso el mercado sin duda sigue siendo Estados Unidos, pero al mismo tiempo el mercado nacional ya es importante. Es un mercado en el cual hay consumidores, hay capacidad de compra, hay redes que pueden cubrir prácticamente todo el país”, asegura.

Para ilustrar ese poderío, recuerda un caso paradigmático que se conoció en 2005: una red que tenía como tarea mantener el contacto con Osiel Cárdenas en el penal de La Palma y pagar todo el sistema de corrupción que se necesitaba para operar en el Distrito Federal. Pero sucedió que toda aquella maquinaria era financiada con sus redes de narcoconsumo, que se calculó en unos dos millones de dólares mensuales, según las declaraciones de personas que fueron detenidas en su momento.

“Por supuesto que la idea de los grandes cárteles mexicanos es meter droga a Estados Unidos. Parte de la guerra que estamos viviendo ahora en Sinaloa, Chihuahua, la ruptura de La Federación y de los cárteles, tiene como origen controlar la frontera para meter droga a Estados Unidos (…)”, explica.

Fernández Menéndez argumenta que no solamente porque hay muchos pobres en México existe el narcotráfico.

“Hay una falacia, o una verdad a medias sobre eso. Se dice que el narcotráfico existe porque existe la pobreza, no es automático, si no, no se explicaría que exista el narcotráfico o el enorme consumo de drogas en países como Estados Unidos, España o Gran Bretaña.

“Sin embargo agrega, en países como el nuestro también es verdad que el narcotráfico explota las condiciones de pobreza. Cuando caminas por el Filo Mayor, en Guerrero, y lo único que se ve son sembradíos de mariguana y amapola, o en la Sierra Mixe, en Oaxaca, donde no hay otra cosa más que droga, y lo mismo ocurre en el Triángulo Dorado (Sinaloa, Durango y Chihuahua), entonces la pobreza es un vehículo más que idóneo para poder tener lo que necesita el narcotráfico que es consumo, mano de obra y hasta sicarios”.

El periodista dice que si las personas se quedan con la explicación de algunos sectores de que, terminando con la pobreza se va a acabar con el narcotráfico, es tanto como desconocer que el narcotráfico es un negocio redondo.

Como un ejemplo más de que el narcotráfico no sólo se puede asociar a la pobreza, Jorge Fernández recuerda a la llamada banda de los narcojúniors, los hijos de las mejores familias de Tijuana que estaban ligados al cártel de los Arellano, eran los operadores y los sicarios del cártel de Tijuana.

Respecto de los problemas que enfrenta México en el contexto del narcotráfico, Fernández Menéndez puntualiza:

“Primero hay droga en todo el país, llega la droga y hay posibilidad de colocarla en cualquier lugar del país; luego, hay un proceso que inició en 1993- 1994, que fue la época en que se comenzaron a pagar los cargamentos de droga que se recibían de Colombia, únicamente con droga; antes solamente se aceptaba efectivo, luego fue mitad en efectivo y la otra parte en droga, y en aquellas épocas, con un estructura diferente a la de ahora”.

Con base en sus trabajos, el autor de El enemigo en casa, drogas y narcomenudeo en México dice que los narcotraficantes que no pueden meter droga a Estados Unidos lo hacen en el mercado interno porque cuentan con la infraestructura para hacerlo: tienen la protección de la policía, casas de seguridad, contactos y la posibilidad de corromper, es decir, están las condiciones puestas, y a eso hay que sumarle que hay recursos en muchos sectores del país para comprar la droga”.

Señala que a todos esos ingredientes se suman al hecho de la creciente adicción entre jóvenes. “Si vemos que la edad de consumo está iniciando a los 11 años y vemos que hay una enorme deserción, sobre todo cuando se termina la secundaria para pasar a la preparatoria, que tampoco hay trabajo, hay todo un amplio sector de la población que es muy fácil de enganchar en el tema de las drogas, todo esto se convierte en un enorme problema.

“Se combinan todos los factores netamente económicos del negocio, la corrupción en las fuerzas policiales, que a su vez permiten proteger a algún capo que esté viviendo en algún lugar de la ciudad, permite que esos mismos policías solapen la venta de droga y en algunas ciudades esos mismos policías organizan la venta de drogas y tenemos un problema social y económico de una franja amplísima de jóvenes que no tienen otras expectativas de trabajo ni de estudio, para los cuales la droga también sirve desde un vínculo social, hasta para engancharse y terminar convirtiéndose en un tema laboral.”

Explica que las estadísticas revelan que más de 80 por ciento de los asaltos a transeúntes o casa habitación están relacionados con el consumo de drogas.

De acuerdo con la información que maneja el analista, hay tres sectores que se han convertido en los principales vendedores de droga en México: jóvenes menores de 18 años, porque los enganchan porque no tienen recursos para comprar droga y después con el argumento de que tienen menos de 18 y quedan en libertad; la otra son amas de casa que están completando el gasto familiar, que muchas veces son madres de los jóvenes y niños que están vendiendo, y el último son los ancianos y ancianas, que también están en las famosas tienditas vendiendo droga.

“Todo esto demuestra que como sociedad todavía no tenemos una conciencia, a pesar del altísimo porcentaje de consumidores. Se habla de que seis por ciento de la población consume o ha consumido drogas, y a pesar de eso, todavía no nos vemos como una sociedad de consumidores y no lo vemos como un peligro, de la misma manera que cuando vemos los ajustes de cuenta, decimos ‘es un problema entre ellos, si no me meto en eso a mí no me va a tocar’ o, ‘no me importa’ o, el discurso de decir ‘es un problema de los gringos no nuestro’.

“Pero no estamos comprendiendo que es un problema nuestro y que, además de todas esas víctimas por los enfrentamientos directos de los grupos, hay una cantidad de muertos que no entran en esa lista, que son de jóvenes adictos que terminan sin tratamiento, sin posibilidades de recuperación, perdiendo vida profesional y familiar”.

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