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El narcotráfico y los asesinatos con alta carga ritual conviven con la exaltación de la ciencia, señaló el escritor Sergio González Rodríguez a propósito de su más reciente obra, El vuelo (Random House Mondadori), una novela sobre el tráfico de cocaína en la Ciudad de México de 1960 y lo cotidiano en medio de la violencia.

“Son situaciones sobre las que no hemos reflexionado: el énfasis que se hace del uso de la magia, de la violencia extrema, de la decapitación, del descuartizamiento. Los rituales que puede haber en los asesinatos sistemáticos de mujeres, son elementos ante los que cerramos los ojos y que están sucediendo justo ahora cuando hay una enorme exaltación y optimismo en torno de la ciencia”.

En El Vuelo, González Rodríguez (Ciudad de México, 1950) aborda el deseo, la violencia, el misterio y la narcosis como una borrachera que priva de la memoria y causa adicción a lo que él llama “euforia circular”. La historia transita entre lo extraordinario que proviene de la disminución de la conciencia o de la brujería, a las disputas de los proveedores y la codicia de las autoridades.

El protagonista se dedica a recoger la droga del mercado de San Juan, de Baja California, de Paso del Norte y, en tiempo de escasez, viaja a Panamá, de donde regresa con cocaína pero sin memoria de lo transcurrido. Más tarde recordará su historia y conocerá el miedo.

“El título tiene que ver con lo que implica consumir cocaína, un levantón, un vuelo, y en otro sentido es el vuelo que sufre el protagonista, que es un desplazamiento de la realidad inmediata hacia otra dimensión”.

El autor ubicó la historia en 1960 para volverla imaginaria y también porque reconoce en esos años un cambio de época a nivel tecnológico.

“La novela trata de atisbar la realidad que ahora vivimos, de entender el fenómeno de la explotación, de la crueldad, de la narcosis a partir de sus inicios, es como el génesis de todo lo que hemos vivido en los últimos años en México y América Latina, el surgimiento de poderes que controlan este negocio vinculados a la política, el uso de la delincuencia como un arma; la discrecionalidad de las decisiones que afectan a todos”, aseguró en finalista del Premio Anagrama de Ensayo.

“En el ámbito de la literatura sobre narcotráfico”, sostuvo el autor, “hay un exceso de relatos muy anecdóticos, basados en el folclor, en el habla regional, en episodios tipo cómic centrados en la violencia del narcotráfico, en lo evidente.

“‘El miedo. Debe de tener muchos rostros'”, hace decir el autor a su protagonista: “‘Y ninguno de ellos se ha mostrado a mí todavía'”.

El apresuramiento de la información ha ocasionado un olvido de las causas, consideró el autor de Huesos en el desierto, un libro acerca de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.

“No nos damos cuenta de la degradación que la sociedad mexicana ha vivido en estos años. Yo quiero llamar la atención porque me parece muy importante que observemos que no hemos mejorado ni en el control del crimen organizado ni en el control del delito común ni tampoco han mejorado nuestros cuerpos de seguridad; nuestro Estado de Derecho está más degradado que nunca y sin embargo seguimos simulando que vivimos en una democracia”.

En su novela, el crítico literario también describe un ciudad cercana y ajena que desaparece: “Los antiguos templos, sus bóvedas y torres ornadas caían a golpe de maza y de sus ruinas polvorientas surgían decenas de edificios rectilíneos, avenidas, glorietas para beneplácito de los automovilistas. De pronto escaseó la cocaína que antes fluía de su procedencia misteriosa a las manos del muchacho”.

Es una Ciudad de México que ya no existe, agregó Sergio González, una ciudad irreal.

“El lector podrá comprobar que a pesar de que hay indicios de que es una ciudad que nosotros conocemos, se trata de una ciudad absolutamente desconocida que ya no nos pertenece; lejano, distante, como un espejismo que brota de pronto en el pasado, y es justamente esta irrealidad donde la novela se mueve, donde está lo que nos aterra, porque la sentimos muy inmediata, hay algo hasta siniestro en imaginar cosas que son muy familiares pero que están distantes y sujetas a un drama que nos rebasa”.

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