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La Familia se mudó al estado de México y al Distrito Federal. La carta de presentación de este grupo criminal vinculado a Los Zetas son ejecuciones y decapitaciones, venta de protección y corrupción policial, control de la distribución de drogas y narcomenudeo, amenazas y secuestros o levantones.

Reclutadores, por menos de 6 mil pesos mensuales, de indocumentados guatemaltecos y salvadoreños, de integrantes de pandillas y bandas de asaltantes de cada sitio donde llegan, o bien de desempleados y hasta ex policías, la presencia y violencia de sus miembros ya se dejó sentir en la capital y en Edomex.

La estrategia de los de la llamada Familia de Michoacán es similar a la de sus cómplices Los Zetas, esta última aliada a los hermanos Beltrán y con quienes integran uno de los cárteles más peligrosos y violentos en México, según datos de la Procuraduría General de la República (PGR) y de la Procuraduría de Justicia del estado de México (PGJEM) a los que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

Así, una avanzada de ellos identifica objetivos. Luego un grupo armado amenaza y somete a policías locales, lo mismo que a narcomenudistas; luego se asientan en casas de seguridad y siguen con empresarios, comerciantes y aquellos que serán extorsionados.

Una parte de cómo actúa ese grupo la revelan Luis Osvaldo González Zepeda, Francisco Carlos Velásquez y Manuel Gómez Martínez, miembros del grupo detenidos en Toluca, estado de México, y ahora bajo arraigo en el DF según el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/239/2008.

La casa de seguridad

La noche del 9 de julio, la Policía Federal recibió una llamada anónima. Se denunció que en la calle Lago Monitora, colonia Seminario Sayula, de Toluca, se reunían hombres armados. Antes de medianoche, un destacamento de agentes federales llegó al sitio. Hallaron la casa y, al salir de ella dos autos —una camioneta Liberty roja y un auto Jetta gris—, les marcaron el alto.

Ninguno de los autos hizo caso. Tras la persecución la policía sometió a los ocupantes del Jetta, Luis Osvaldo González Zepeda, Francisco Carlos Velásquez y Manuel Gómez Martínez o Pedro Flores Solórzano, quienes llevaban armas R-15, cartuchos, granadas y ropas con insignias de la AFI.

Cada uno de ellos portaba una mica con las claves de comunicación de La Familia de Michoacán, aparatos de comunicación y droga. Las primeras investigaciones los señalan como “cobradores” y sicarios; uno llevaba un cuaderno con fechas, apodos, cobros o adeudos de sus “clientes” en la venta de droga. Uno de los detenidos, Francisco Carlos Velásquez, narró cómo llegó al grupo criminal tres meses atrás. “Soy de Michoacán, y hace tres meses en Apatzingán, conocí a El Chiquilín. Me dijo que era integrante de la La Familia de Michoacán, y que necesitaban gente”. Este hombre, aseguró que en el grupo al que pertenecía casi todos eran de Apatzingán.

Otro de ellos, Manuel Gómez Martínez o Pedro Flores Solórzano, también originario de Apatzingán, dijo que su amigo Daniel, El Ratón, fue quien le propuso unirse a La Familia y trasladarse a Toluca o el Distrito Federal para custodiar casas y armas, además de estar atento a la salida o entrada del grupo operativo para avisar de algún problema.

La droga y los sicarios

El Chiquilín, El Franky, Puli, Raúl, Tasmania, El Perico, El Ratón son, entre otros, los apodos del grupo de sicarios que tenía en Toluca La Familia de Michoacán. Ninguno pudo ser detenido porque al momento del operativo de la Policía Federal estaban fuera de la casa de seguridad. El Ratón era el encargado también de llevar la droga a la casa se seguridad.

Los sicarios contaban con armas largas, granadas, cartuchos de todo tipo, pistolas, chalecos pantalones, camisolas o playeras con las insignias de la AFI.

En esa casa contaban con todo el instrumental necesario para preparar la droga. Desde los cortes que le hacían hasta su pesaje en básculas de precisión. Cada gramo que salía de toda la droga que se preparaba ahí tenía que ser reportada.

Ellos saben que en diferentes partes del estado de México funcionan células de La Familia de Michoacán, por eso se les sometió a arraigo. Se trata de agotar todos los recursos para lograr obtener mayor información sobre las intenciones de esta organización criminal que ha desatado además una ola de terror en esa entidad y en el Distrito Federal.

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