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Tag Archives: Alfredo Rangel Buendía

Tiene debilidad por las mujeres rubias, afición por las carreras de caballos y en el último lustro se ha apasionado por otro deporte: la cacería de gacelas, cebras y animales exóticos en reservas de Coahuila y San Luis Potosí.

Nació en 1974 en Apan, Hidalgo, lugar célebre por sus pulques, y a los 17 años se inscribió en el Ejército, donde pensaba hacer una carrera en el arma de Infantería, pero siete años más tarde un ex militar lo convenció para convertirse en guardaespaldas y promover su baja voluntaria de las Fuerzas Armadas. Fue la decisión más importante de su vida, era 1998.

Hoy, Heriberto Lazcano Lazcano tiene 36 años, le dicen “El Verdugo” y maneja los hilos de más de 400 delincuentes que en 18 estados de la República han convertido en una industria al secuestro, la extorsión, el homicidio y la venta de droga.

Por eso es el número uno de “Los Zetas”.

Diversas investigaciones ministeriales y fichas de corporaciones de México y Estados Unidos que siguen de cerca a “El Lazca”, lo refieren como el hombre que logró mantener un liderazgo en la organización, gracias a sus métodos brutales para contrarrestar a los enemigos y al régimen de disciplina interna: a los “Zetas” infractores los ejecuta o los “apanda” o los deja sin comer.

Aunque se trate de un amigo, Lazcano siempre ha separado a los negocios de sus relaciones personales y eso lo sabe Alfredo Rangel Buendía “El Chicles”, uno de sus hombres de mayor confianza, quien un día le pidió dinero prestado para comprar fayuca y no le pagó en el tiempo convenido.

“Lazcano nos ordenó a todos los del Cártel del Golfo que matáramos a “El Chicles”, por lo que Iván Velásquez Caballero “El Talibán”, con clave “L 50”, le dijo que se acercara a un punto de la Colonia Madero en Nuevo Laredo, por lo que cuando llega “El Chicles” en un Sentra, lo enganchamos, es decir lo agarramos y lo íbamos a matar.

“Pero ‘El Talibán’ habló con Lazcano y le dijo que él le iba a recuperar el dinero y que nada más lo castigara, a lo que Lazcano nos ordenó que lo tuviéramos amarrado un mes, ahí teníamos la orden de darle agua una vez al día y de comer una vez al día, para que no estuviera yendo seguido al baño”, declaró el testigo protegido “Karen”.

Desde la captura de Osiel Cárdenas en 2003, este hidalguense hizo emigrar a “Los Zetas” de las drogas a otros delitos, estableció nuevas jerarquías en imitación al Ejército, incluyó en sus huestes a “kaibiles” de Guatemala y decidió desplegar operaciones de asalto espectaculares para rescatar a sus cómplices.

Sus pistoleros hoy dicen ser parte de “La Compañía” y Lazcano se ha encargado de hacerles sentir que es así, pues cada fin de año hasta organiza posadas en Matamoros con sus jefes de plaza y en ellas les informa de los relevos y cambios en la estructura criminal.

Ingreso

El 27 de marzo de 1998, Lazcano obtuvo su baja del Ejército y con ello renunció a la carrera que había iniciado el 5 de junio de 1991 en la milicia. En 7 años, según registros públicos de la Sedena, sólo logró un ascenso y sucedió el 5 de julio de 1993, a Cabo de Infantería.

El personaje que le persuadió a dejar las Fuerzas Armadas era otro militar que había desertado el 27 de septiembre de 1997, medio año antes que Lazcano. Se llamaba Arturo Guzmán Decena y a su vez había sido contratado por Osiel Cárdenas Guillén para que le organizara una especie de guardia pretoriana, pues estaría conformada sólo por ex militares. Guzmán se autodenominaba “Z-1”.

Este es el origen de “Los Zetas”, que deben su nombre al color azul zeta de los uniformes de los oficiales del Ejército.

El Subteniente Alejandro Lucio Morales Betancourt “Z-2” fue subjefe de la agrupación delictiva hasta su captura, el 17 de noviembre de 2001. Al convertirse en el testigo protegido “Yeraldine”, relató que la primera tarea encomendada a “Los Zetas” fue la eliminación de los enemigos de Osiel.

Y desde ese momento, Lazcano se hizo distinguir frente a los demás.

Morales recuerda en un testimonio rendido en la averiguación PGR/SIEDO/UEIDCS/111/2003, que precisamente en febrero de 1999 Osiel citó a Arturo Guzmán Decena “Z-1” en una casa de Reynosa y le encomendó juntar 20 pistoleros para asesinar a Rolando López Salinas “El Rolys”.

“Llegaron a una casa en Miguel Alemán ubicada sobre la Calle Décima, no logrando dicho objetivo en virtud de que solamente ingresaron Arturo Guzmán y Lazcano, realizando disparos, pero fueron recibidos a balazos por la gente que se encontraba en ese lugar.

“Lazcano disparó a un tanque de gas provocando su explosión y ante esto salimos corriendo de dicho lugar… en esa ocasión hubo muertos en esa casa, pero la Policía Ministerial se encargó de ocultarlos y de que no se supiera nada”, dijo el 15 de febrero de 2002.

Por esas fechas, en marzo de 2002, Decena y Lazcano “cazaron” a 4 agentes de la Policía Municipal de Nuevo Laredo, que notaron que les seguían. Lo peor no fue que los torturaran y les hicieran confesar que trabajaban para la banda rival, la de Dionisio Román García “El Chacho”, operador de “El Chapo” Guzmán en esa frontera.

“Los mataron Guzmán Decena ‘Z-1’, Lazcano, ‘El Caris’ y Leopoldo Flores Soto y después los incineramos adentro de un tambo de metal de 200 litros, hasta que se consumieron completamente”, relató.

Luego tocó el turno al propio “Chacho”, a quien “Los Zetas” ejecutaron el 13 de mayo de 2002.

‘Invierten’ sicarios en cártel

Entre 1997 y el 2002, Osiel Cárdenas implementó un método de inversión interna sui géneris para expandir su organización.

Le llamaban “la polla” y consistía en regalarle a cada nuevo militar y civil que ingresaba a sus filas, una suma de 3 mil dólares.

Con el dinero, debían comprar cocaína, cruzarla a Estados Unidos, colocarla en el mercado y hacerse de contactos para su distribución, contó el testigo protegido “Rafael” el 10 de abril de 2003, en la indagatoria PGR/SIEDO/UEIDCS/111/2003.

Todos compraban la droga a los colombianos Vicente y Camilo, quienes eran contactados en Coatzacoalcos. Conforme obtenían ganancias, cada Zeta las reinvertían y adquirían mayores cantidades de droga.

“Heriberto Lazcano Lazcano clave ‘Z 3’, mandaba comprar 18 kilos de cocaína”, recuerda el testigo colaborador.

La reproducción de la empresa criminal iba sobre ruedas y hasta entonces, no había registros en las investigaciones de la PGR, de que Los Zetas se dedicaran a giros delictivos ajenos al narcotráfico. Todo cambiaría en un breve periodo de tiempo.

El 14 de enero de 2002 el Ejército detuvo a Rubén Sauceda Rivera “El Cacahuate”, el tesorero de la organización, y el 21 de noviembre del mismo año, el líder histórico de Los Zetas, Arturo Guzmán Decena “El Z1”, murió en un enfrentamiento con militares en Matamoros.

El remate vino el 14 de marzo de 2003, cuando Osiel Cárdenas fue capturado en un operativo militar.

En 14 meses, el Ejército dejó a la banda sin su líder, sin el jefe de finanzas y sin la cabeza de su brazo armado. Pero coincidentemente, en ese momento se abrió un nuevo frente externo, pues Joaquín “El Chapo” Guzmán y su primo Arturo Beltrán Leyva “El Barbas”, entonces socios, decidieron invadir y arrebatarles Nuevo Laredo a Los Zetas, con una avanzada de 200 pistoleros sinaloenses.

Inició una guerra encarnizada que debían enfrentar con finanzas flacas y sin liderazgo.

Mateo Díaz López “El Comandante Mateo” o “Z 10”, recordó el 17 de julio de 2006, en el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/122/2006, que fue en esa coyuntura cuando Lazcano emergió como líder.

Sus primeras decisiones fueron importar “kaibiles” de Guatemala y capitalizarse con los secuestros, las extorsiones y homicidios dentro y fuera de Tamaulipas, para tener recursos que demandaba esta guerra.

“A la detención de Osiel, hubo muchos problemas dentro de la organización, ya que sus principales líderes como Eduardo Costilla y Gregorio Sauceda se desorientaron y querían esconderse, por lo que Lazcano con clave ‘Z-30’ retomó la organización y los calmó.

Para poder sostener una organización con diversos giros, Lazcano generó una nueva estructura dividida en células regionales especializadas por delito; “estacas” o grupos de 7 personas que operan a nivel municipal; “halcones” o vigías, y auditores que revisaban de en vez en vez a todos ellos.

Para “El Verdugo”, hay reglas básicas en cuanto a las comunicaciones entre miembros del Cártel.

“El número de Nextel de Lazcano lo grabé con las letras “Md”, pero cada vez que detienen a algún miembro de la organización, todos tiramos los teléfonos a la basura y compramos nuevos teléfonos y radios”, declaró Mateo Díaz.

Junto con la coerción, también había incentivos. “Las reuniones (de fin de año) las realizó para que todos los que trabajaban para la organización de Los Zetas se conocieran entre ellos, en esas reuniones se pagaban sus aguinaldos, participaban en rifas de casas y automóviles, que también en ese tipo de reuniones era cuando Heriberto Lazcano Lazcano designaba al personal que se iba a ir con ellos a las diferentes plazas que tenían a su mando, entre ellas México DF, a cargo de ‘El Rex'”, declaró “Karen” el 24 de junio de 2007.

Así, los Zetas resistieron.

En las instalaciones de la SIEDO rinde declaración Alfredo Rangel Buendía, alias “El Chicles”,
considerado uno de los principales operadores de Heriberto Lazcano, “El Lazca”, presunto jefe de “Los Zetas”, y de Miguel Angel Treviño Morales, alias “El 40″.

También declaran sus cómplices Norberto Estevez Alvarez, Alberto Velásquez Núñez, Francisco Cárdenas Bravo, Eduardo Villanueva Orozco, Jorge Ramírez Alvarez y Eduardo Gabriel Heyer Ortiz.

En las próximas horas el agente del Ministerio Público Federal adscrito a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en
Delincuencia Organizada (SIEDO) determinará la situación jurídica de los detenidos, quienes podrían ser arraigados o bien consignados a un penal de alta seguridad.

Rangel Buendía y los integrantes de su célula criminal fueron detenidos por agentes federales el jueves pasado en la colonia Del Valle, cuando viajaban armados en un vehículo BMW, placas 592 VSJ y un auto Bora matrícula 133 VZB del Distrito Federal.

La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal informó que al momento de su captura se les encontraron varios fusiles AK-47, 93 cargadores, cuatro granadas de fragmentación, un revólver y cuatro teléfonos celulares, entre otras cosas.

De acuerdo con las investigaciones “El Chicles” fue comisionado por Treviño Morales para establecer un centro de operación en la zona metropolitana, así como ubicar y eliminar a Jesús Méndez Vargas, alias “El Chango Méndez”, y Nazario Moreno, “El Loco”, principales líderes de la organización criminal denominada “La Familia”.

Esa orden fue dada porque dichos sujetos habían traicionado a “Los Zetas”, grupo armado del cártel del Golfo, el cual durante mucho tiempo fue dirigido por Osiel Cárdenas Guillén, quien el año pasado fue deportado a Estados Unidos.

Rangel Buendía está presuntamente relacionado con el levantamiento y ejecución de cuatro agentes federales en 2002 y
también se le vincula con una balacera ocurrida en Reynosa, Tamaulipas, el pasado 8 de enero en el exterior del hotel Virrey,
donde perdieron la vida dos agentes federales.

De acuerdo con las investigaciones, en este enfrentamiento “El Chicles” resultó herido por la explosión de una granada de
fragmentación, lo cual le provocó la pedida del ojo derecho y múltiples fracturas en ambas piernas.