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Tag Archives: Mazatlan

La Procuraduría General de la República (PGR) liberó con las reservas de ley, a los cinco escoltas de Andrés Manuel López Obrador detenidos en Sinaloa luego de que acreditaron la portación legal de las armas de uso reservado por las que fueron presentados al Ministerio Público.

El 6 de enero, cinco elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del DF (SSP-DF), contratados para brindar seguridad al tabasqueño durante sus giras de trabajo, fueron detenidos por militares en el Punto de Revisión Carretero de Villa Unión, bajo el argumento de que los guardias no traían, en ese momento, el permiso para portar sus armas de cargo, informó la delegación estatal de la PGR.

Los detenidos también adscritos a la Policía Bancaria e Industrial (PBI), que circulaban por la carretera federal México 15 y tenían como destino Hermosillo, Sonora, donde se reunirían con López Obrador, son: Antonio de Anda Hernández, Juan Jaime Alvarado Bernal, Juan Guillermo Sánchez Durán, Sergio Villarroel Ávila y Jesús Enrique Aguirre Ortiz.

Estuvieron retenidos en la subdelegación de la PGR, y fueron puestos a disposición de la mesa dos de esa dependencia. Por los hechos, se inició en la delegación estatal la averiguación previa AP/SIN/MAZ/006/2009-M-I, por el probable delito de violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos.

La dependencia federal precisó que la tarde del miércoles, personal del Departamento Jurídico de la PBI exhibió los originales del resguardo de las armas de fuego ante el Ministerio Público, y al acreditarse la portación legal del armamento, se les decretó la libertad con las reservas de ley.

En contraste, la SSP-DF aseguró que aparentemente, por ese incidente, el Ejército mexicano detuvo al total de guardaespaldas, sin reparar en que algunos portaban la licencia y otros no, lo cual explica el hecho de que, según la dependencia capitalina, cuatro fueron liberados el miércoles, y el quinto y último, ayer.

La detención de los escoltas de López Obrador se debió a que uno de ellos no tenía en ese momento el permiso para portar su arma —una Block .380—, por lo que fue liberado apenas ayer, luego que la Coordinación Jurídica de la PBI fue a Mazatlán, Sinaloa, a presentarlo, aseguraron fuentes de la SSP-DF.

Andrés Manuel López Obrador señaló que fue una detención indebida la que se efectuó contra cinco de sus agentes de seguridad en un retén de Sinaloa. En Magdalena de Kino, Sonora, y luego de un mitin en la Plaza Juárez, declinó opinar si la acción militar contra sus escoltas fue un hecho planeado por alguno de sus adversarios políticos. Al ser cuestionado sobre los servicios que recibe de la PBI del DF, indicó que es una contratación que hizo la agrupación Honestidad Valiente a través de un contrato remunerado y no es un privilegio del gobierno de Marcelo Ebrard.


Podría decirse que a Mazatlán le tocó bailar con la más fea. Fue la última de las ciudades importantes donde el narco se refugió desde que estalló la guerra en el cártel de Sinaloa, con manifestaciones de violencia inimaginables para los mazatlecos. Balaceras en centros comerciales, secuestros, rehenes, decapitados. Y por si fuera poco, un anuncio oficial que aterra por sí mismo: llegaron Los Zetas.

Si alguien llega de afuera y observa el malecón de Mazatlán a las seis de la tarde, en el tramo que va del Valentinos a los Monos bichis, no puede imaginar lo que esconde esta ciudad. Cientos de hombres y mujeres, niños, niñas y ancianos se pasean y hacen ejercicio a lo largo de ocho kilómetros. Patinan, corren en bicicleta y sacan a sus perros. O simplemente contemplan el ocaso, inigualable desde La Perla del Pacífico. La algarabía es contagiante. La mayoría son de aquí, pero también hay turistas y gringos radicados temporalmente en el puerto.

Desde cualquier punto podrían trazarse líneas para reinventar el paraíso, de no ser por una hilera de Mercedes Benz y Hummers que atraviesa la avenida del Mar, a vuelta de rueda. Decenas de soldados en posición de guerra escudriñan cada rincón. Dan vuelta en la avenida Insurgentes y en cuanto bajan detienen una camioneta. Revisión obligatoria. Nombre y documentos. El lugar de origen es lo más importante por el momento. Desde que se detiene un vehículo se encienden los focos amarillos, pero si el conductor es de Tamaulipas, Guerrero o Nayarit, la alerta es máxima.

Se acaba la calma

Mazatlán estuvo tranquilo todavía meses después de que estalló la guerra en el cártel de Sinaloa. Era notoria la calma, que contrastaba con la violencia disparada en Culiacán, Navolato, Guamúchil, Guasave y Los Mochis. Sobre todo las primeras semanas del conflicto, familias enteras de narcos emigraron al puerto. Los jóvenes se iban los fines de semana y muchos mejor se quedaron allá una temporada. Luego buscaron otros refugios, en el país y en el extranjero.

Era natural este proceso, pues durante años las familias narcas de Sinaloa han estado adquiriendo propiedades en Mazatlán: terrenos, residencias, condominios, penthouses. Pero también hacen negocios: tienen restaurantes, antros, burdeles, comercios; invierten en la industria inmobiliaria, compran barcos camaroneros. Y, por si fuera poco, le meten dinero a la política. Con el tiempo, el narco se mimetiza en la vida cotidiana y al revés… hasta que estalla la bomba.

Hasta ahora, en Mazatlán no destacaba la violencia de alto impacto. No comparada con lo que ocurre “normalmente” en el centro del estado. Pero en agosto, cuando en el resto de la entidad se vivía un cierto reflujo en las ejecuciones y ajustes de cuentas, ésta se disparó. Con dos elementos adicionales: uno, la participación de células delictivas que antes no tenían presencia aquí. Y dos, la crueldad en las formas de matar. Como había ocurrido en Culiacán, Navolato y Guasave semanas atrás, también en Mazatlán los narcos adoptaron un nuevo verbo: decapitar.

Sobre todo en algunos hechos delictivos se ha detectado la presencia de sicarios que han llegado de otros estados, principalmente de Guerrero y Nayarit. Esto, aunado a indicios y narcomensajes que se han encontrado en algunas de las balaceras y ejecuciones, han llevado a las autoridades a establecer que existen en Mazatlán células de la alianza Zetas-Arturo Beltrán Leyva, que se presume existe desde poco antes de que éste le declarara la guerra a Joaquín el Chapo Guzmán, que a su vez sostiene una alianza con Ismael el Mayo Zambada, Ignacio Coronel y Víctor Emilio Cázarez Salazar.

Y nunca había sido tan claro el reconocimiento oficial de esta presencia criminal en Mazatlán, hasta que, después de una cruenta balacera, fueron detenidos el sábado 27 de septiembre ocho sicarios, siete de origen nayarita y uno, el cabecilla de la banda, oriundo de Acapulco, Guerrero.

En el primer informe de la vocería oficial del Operativo Culiacán-Navolato (que de facto se extendió a toda la entidad), solo daba cuenta de los hechos. Un intento de asalto, la intercepción de la Policía Municipal, la persecución, el cerco, la detención de ocho sicarios y el aseguramiento de sus armas.

Los detenidos fueron José Guadalupe Ponce Bahena, de 20 años de edad, originario de Acapulco Guerrero; Alfredo Millán Flores, de 23 años de edad, originario de la Silla, Tepic, Nayarit; Efraín Salas Canares, de 30 años de edad, originario de San Francisco del Nayarit, Nayarit; Alejandro Acuña Miliano, de 16 años de edad (¿?), originario de Tepic, Nayarit; Sergio Ramos Lamas, el Chocolate, de 20 años de edad, originario de Tepic, Nayarit; Alfonso Lucas García, de 19 años de edad, originario de Presidio, Nayarit; Audroncio Lamas Lucas, de 25 años de edad, originario de Presidio, Nayarit y Santos Llamas Simón, de 25 años, originario de Rosa Morada, Nayarit.

Fue hasta el día siguiente que el Gobierno dijo a qué organización pertenecía el grupo. En el siguiente boletín se informó que “los delincuentes detenidos por personal militar, de la Armada de México y fuerzas policiales de los tres niveles de gobierno, ayer sábado 27 de septiembre, luego de que pretendieran robar en la construcción del hotel ‘Esmerald Bay’ ubicado en la carretera Cerritos El Habal, del puerto de Mazatlán, Sinaloa, reconocieron ser una célula de Los Zetas la cual fue contratada al servicio de la organización delictiva ‘Beltrán Leyva’ ya que trabajaban para Arturo Beltrán Leyva el Barba cerrada en el municipio de Mazatlán”.

Las primeras pesquisas e información proporcionada por los detenidos es que tenían entre uno y dos meses de haber llegado a la ciudad de Mazatlán, y que habían sido contratados por un individuo al que refieren con el alias del Cuatro, quien les pagaba cinco mil pesos a la semana por realizar sus actividades delictivas en el puerto de Mazatlán y sur del estado, las cuales eran ordenadas por Édgar Valdez Villarreal el Mayor y/o la Barbie, el cual es identificado como uno de los cabecillas de la organización criminal conocida como Los Zetas. Estos delincuentes fueron reclutados en el estado de Nayarit y las armas las traían desde el estado de Guerrero.

De acuerdo con la misma información oficial, algunos de los detenidos señalaron haber participado en los siguientes hechos delictuosos: el homicidio de dos elementos de la Policía Federal Preventiva, División Caminos, el 12 de agosto de 2008; el homicidio y decapitación de cuatro personas cuyos cuerpos quedaron en el interior de una camioneta que se localizó en el fraccionamiento El Toreo del municipio de Mazatlán el 12 de septiembre; privaron de la libertad, asesinaron y decapitaron al policía municipal y después dejaron su cabeza “viendo” hacia el Cecjude del puerto de Mazatlán el 18 de septiembre del 2008; homicidio y decapitación de las tres personas que aparecieron en las inmediaciones del Huajote, municipio de Concordia, Sinaloa, el pasado 25 de septiembre del 2008.

El patrón del Mayor, decía el mismo comunicado, es un individuo al que conocen con el alias del Chaguín, quien junto con Lucio Miguel Cruz Torres y Manuel Luján Bañuelos, el Manuelillo, controlan las operaciones delictivas en la plaza de Mazatlán.

No hubo, de la parte oficial, información adicional. Apoyado en fuentes federales, se pudo establecer que el Chaguín opera desde hace tiempo en Nayarit y que en su etapa más reciente está siendo apoyado financieramente por un hermano del extinto Carlos Tirado Lizárraga, el Carlillos, asesinado junto con once de sus sicarios el 16 febrero de 2005.

Caras de terror

Sean los nombres o los hechos, en Mazatlán la violencia ha trastocado los planes de gobierno y la vida misma del puerto. El alcalde Jorge Abel López Sánchez destinará más recursos a la seguridad que a ningún otro programa. No hay, dice, un problema que le quite el sueño más que éste. Mientras, los jefes policiacos se encierran en su mutismo. El secretario de Seguridad Pública, Gilberto Acuña Armenta, mejor no quiere hablar del tema. Esquiva las preguntas y se esconde en el mismo miedo de las corporaciones federales, que tampoco hablan.

Los policías municipales tienen miedo, aunque son ellos los que se han llevado todo el mérito en los principales golpes que ha recibido el “sicariato”, sobre todo en la aprehensión de los ocho gatilleros del 27, y de los otros ocho detenidos el viernes 3 de octubre.

Esto, a pesar de que no sobran los recursos. Una visita a las instalaciones de la Policía Municipal basta para comprender el tamaño del desafío en tan precarias condiciones. No hay seguridad en los accesos. Dos o tres policías panzones ven pasar a las visitas mientras comen jícamas y chimichangas. “Ni modo —dice el secretario—, no los puedo traer arriba de las patrullas y son los que se quedan aquí. Nos faltan patrullas, nos faltan hombres, armas, recursos, pero con lo que tenemos le estamos haciendo frente a la situación”.

De origen texano, la Barbie deja terror y muerte a su paso

Perfil de un criminal

Édgar Valdez. El Texano.

Tal vez el dato más inquietante de la información generada a partir de las detenciones del 27 de septiembre es que en Mazatlán está operando Édgar Valdez Villarreal, la Barbie, porque no es un personaje cualquiera. Es, desde hace mucho tiempo, uno de los principales guerreros de Arturo Beltrán Leyva, encargado de abrir plazas a sangre y fuego, y que por donde pasa deja siempre una estela de muerte y terror.

De acuerdo con los registros de la DEA y de la PGR, Valdez Villarreal es originario de Texas. Poco después de cumplir 18 años fue encarcelado en Estados Unidos acusado de daños, pero recobró la libertad. De 35 años de edad, también tiene antecedentes penales por narcotráfico en una corte de Nueva Orleans; una vez fue detenido con droga en Missouri, pero quedó libre.

Las autoridades lo responsabilizan de ser el autor del llamado “narco-video” donde cuatro Zetas son interrogados y uno de ellos es asesinado ante la cámara. Esos miembros de Los Zetas eran cuatro de los 27 que desaparecieron en esos días de julio del 2005 en Acapulco y Zihuatanejo, de acuerdo con la información oficial.

Según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/106/2005 y datos obtenidos de investigaciones realizadas por el Ministerio Público Federal sobre el cártel de Sinaloa, Valdez Villarreal empezó a movilizarse entre Nuevo Laredo y Monterrey, territorios que, a la postre, mantuvo bajo sus dominios. En 2001, la Barbie conoció a un personaje que vio en él al sicario ideal por su grado de violencia: Arturo Beltrán Leyva, el Barbas.

Pronto, Valdez Villarreal se convirtió en la cabeza de un grupo de pistoleros que empezó a servir al cártel de Sinaloa en su conquista por las rutas del Golfo, en especial la plaza de Nuevo Laredo, aunque nunca lo logró.

Durante los tiempos dorados de la familia sinaloense conformada por los hermanos Beltrán Leyva, Joaquín Guzmán Loera y Juan José Esparragoza, la Barbie fue una pieza clave en las batallas que iniciaron contra Los Zetas, el entonces brazo armado del cártel del Golfo. En ese contexto de guerra, fue el creador de dos grupos de sicarios: Los Pelones y Los Negros.

Relaciones públicas

Un rasgo extraño de Édgar Valdez Villarreal es la búsqueda de interlocución pública con los hombres del poder. Los narcos siempre han tenido interlocución con el Gobierno, pero siempre o casi siempre ha ocurrido de manera soterrada. Esta ha sido una de las bases de la histórica relación entre el narcotráfico y el poder.

El 26 de mayo de 2006, por ejemplo, la Barbie publicó un desplegado en el diario Milenio que estuvo dirigido a la Coparmex, al gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás, a los entonces candidatos presidenciales y a la ciudadanía en general. En ese momento, la violencia estaba desatada en el norte del país, sobre todo en Tamaulipas y Nuevo León.

En la carta, Valdez Villarreal responsabilizó a Los Zetas de los hechos violentos que se han cometido en Nuevo León y conminó al próximo presidente a que haga prevalecer el estado de derecho contra ese grupo paramilitar, cosa que no hizo el actual gobierno.

“Convoco al nuevo sexenio que se aproxima, y al hombre que se le deposite la confianza para encabezarlo por medio del sufragio, tenga el valor para hacer prevalecer el estado de derecho, mismo que debe regir de manera igualitaria, un sexenio que contenga acciones contundentes y firmes para acabar con ese gran cáncer de narco-secuestradores y asesinos de mujeres y niños”, dice el texto.

No era la primera vez que lo hacía. En su libro Narcotráfico, el gran desafío de Calderón, el periodista Alejandro Gutiérrez documenta:

El 12 de septiembre de 2004, el periódico El Mañana, de Nuevo Laredo, publicó una carta del “empresario” Édgar Valdez Linares —que localmente se asegura en realidad es la Barbie—, en la que pide al presidente Fox “poner alto a la impunidad, inseguridad e injusticia en Nuevo Laredo, Tamaulipas”. En el mismo tono publicó una en otro medio, firmada en Saltillo, Coahuila, en la cual revela que fue secuestrado por Los Zetas.

La carta concluye: “Señor presidente, respetuosamente preguntamos ¿acaso el Ejército Mexicano y la Procuraduría General de la República carecen de medios y elementos para acabar con dichos grupos delictivos?”.

La exposición pública de la Barbie obligó a Arturo Beltrán a pensar en un relevo, tal vez por eso no había noticias de él en los últimos meses. Pero reapareció en Mazatlán. Y ahora, dice el gobierno, aliado con Los Zetas.

ver tambien http://elblogdelnarco.blogspot.com/2009/12/quien-es-la-barbie.html

http://elblogdelnarco.blogspot.com/2009/12/las-fotos-de-la-barbie-o-el-texano-el.html


Podría decirse que a Mazatlán le tocó bailar con la más fea. Fue la última de las ciudades importantes donde el narco se refugió desde que estalló la guerra en el cártel de Sinaloa, con manifestaciones de violencia inimaginables para los mazatlecos. Balaceras en centros comerciales, secuestros, rehenes, decapitados. Y por si fuera poco, un anuncio oficial que aterra por sí mismo: llegaron Los Zetas.

Si alguien llega de afuera y observa el malecón de Mazatlán a las seis de la tarde, en el tramo que va del Valentinos a los Monos bichis, no puede imaginar lo que esconde esta ciudad. Cientos de hombres y mujeres, niños, niñas y ancianos se pasean y hacen ejercicio a lo largo de ocho kilómetros. Patinan, corren en bicicleta y sacan a sus perros. O simplemente contemplan el ocaso, inigualable desde La Perla del Pacífico. La algarabía es contagiante. La mayoría son de aquí, pero también hay turistas y gringos radicados temporalmente en el puerto.

Desde cualquier punto podrían trazarse líneas para reinventar el paraíso, de no ser por una hilera de Mercedes Benz y Hummers que atraviesa la avenida del Mar, a vuelta de rueda. Decenas de soldados en posición de guerra escudriñan cada rincón. Dan vuelta en la avenida Insurgentes y en cuanto bajan detienen una camioneta. Revisión obligatoria. Nombre y documentos. El lugar de origen es lo más importante por el momento. Desde que se detiene un vehículo se encienden los focos amarillos, pero si el conductor es de Tamaulipas, Guerrero o Nayarit, la alerta es máxima.

Se acaba la calma

Mazatlán estuvo tranquilo todavía meses después de que estalló la guerra en el cártel de Sinaloa. Era notoria la calma, que contrastaba con la violencia disparada en Culiacán, Navolato, Guamúchil, Guasave y Los Mochis. Sobre todo las primeras semanas del conflicto, familias enteras de narcos emigraron al puerto. Los jóvenes se iban los fines de semana y muchos mejor se quedaron allá una temporada. Luego buscaron otros refugios, en el país y en el extranjero.

Era natural este proceso, pues durante años las familias narcas de Sinaloa han estado adquiriendo propiedades en Mazatlán: terrenos, residencias, condominios, penthouses. Pero también hacen negocios: tienen restaurantes, antros, burdeles, comercios; invierten en la industria inmobiliaria, compran barcos camaroneros. Y, por si fuera poco, le meten dinero a la política. Con el tiempo, el narco se mimetiza en la vida cotidiana y al revés… hasta que estalla la bomba.

Hasta ahora, en Mazatlán no destacaba la violencia de alto impacto. No comparada con lo que ocurre “normalmente” en el centro del estado. Pero en agosto, cuando en el resto de la entidad se vivía un cierto reflujo en las ejecuciones y ajustes de cuentas, ésta se disparó. Con dos elementos adicionales: uno, la participación de células delictivas que antes no tenían presencia aquí. Y dos, la crueldad en las formas de matar. Como había ocurrido en Culiacán, Navolato y Guasave semanas atrás, también en Mazatlán los narcos adoptaron un nuevo verbo: decapitar.

Sobre todo en algunos hechos delictivos se ha detectado la presencia de sicarios que han llegado de otros estados, principalmente de Guerrero y Nayarit. Esto, aunado a indicios y narcomensajes que se han encontrado en algunas de las balaceras y ejecuciones, han llevado a las autoridades a establecer que existen en Mazatlán células de la alianza Zetas-Arturo Beltrán Leyva, que se presume existe desde poco antes de que éste le declarara la guerra a Joaquín el Chapo Guzmán, que a su vez sostiene una alianza con Ismael el Mayo Zambada, Ignacio Coronel y Víctor Emilio Cázarez Salazar.

Y nunca había sido tan claro el reconocimiento oficial de esta presencia criminal en Mazatlán, hasta que, después de una cruenta balacera, fueron detenidos el sábado 27 de septiembre ocho sicarios, siete de origen nayarita y uno, el cabecilla de la banda, oriundo de Acapulco, Guerrero.

En el primer informe de la vocería oficial del Operativo Culiacán-Navolato (que de facto se extendió a toda la entidad), solo daba cuenta de los hechos. Un intento de asalto, la intercepción de la Policía Municipal, la persecución, el cerco, la detención de ocho sicarios y el aseguramiento de sus armas.

Los detenidos fueron José Guadalupe Ponce Bahena, de 20 años de edad, originario de Acapulco Guerrero; Alfredo Millán Flores, de 23 años de edad, originario de la Silla, Tepic, Nayarit; Efraín Salas Canares, de 30 años de edad, originario de San Francisco del Nayarit, Nayarit; Alejandro Acuña Miliano, de 16 años de edad (¿?), originario de Tepic, Nayarit; Sergio Ramos Lamas, el Chocolate, de 20 años de edad, originario de Tepic, Nayarit; Alfonso Lucas García, de 19 años de edad, originario de Presidio, Nayarit; Audroncio Lamas Lucas, de 25 años de edad, originario de Presidio, Nayarit y Santos Llamas Simón, de 25 años, originario de Rosa Morada, Nayarit.

Fue hasta el día siguiente que el Gobierno dijo a qué organización pertenecía el grupo. En el siguiente boletín se informó que “los delincuentes detenidos por personal militar, de la Armada de México y fuerzas policiales de los tres niveles de gobierno, ayer sábado 27 de septiembre, luego de que pretendieran robar en la construcción del hotel ‘Esmerald Bay’ ubicado en la carretera Cerritos El Habal, del puerto de Mazatlán, Sinaloa, reconocieron ser una célula de Los Zetas la cual fue contratada al servicio de la organización delictiva ‘Beltrán Leyva’ ya que trabajaban para Arturo Beltrán Leyva el Barba cerrada en el municipio de Mazatlán”.

Las primeras pesquisas e información proporcionada por los detenidos es que tenían entre uno y dos meses de haber llegado a la ciudad de Mazatlán, y que habían sido contratados por un individuo al que refieren con el alias del Cuatro, quien les pagaba cinco mil pesos a la semana por realizar sus actividades delictivas en el puerto de Mazatlán y sur del estado, las cuales eran ordenadas por Édgar Valdez Villarreal el Mayor y/o la Barbie, el cual es identificado como uno de los cabecillas de la organización criminal conocida como Los Zetas. Estos delincuentes fueron reclutados en el estado de Nayarit y las armas las traían desde el estado de Guerrero.

De acuerdo con la misma información oficial, algunos de los detenidos señalaron haber participado en los siguientes hechos delictuosos: el homicidio de dos elementos de la Policía Federal Preventiva, División Caminos, el 12 de agosto de 2008; el homicidio y decapitación de cuatro personas cuyos cuerpos quedaron en el interior de una camioneta que se localizó en el fraccionamiento El Toreo del municipio de Mazatlán el 12 de septiembre; privaron de la libertad, asesinaron y decapitaron al policía municipal y después dejaron su cabeza “viendo” hacia el Cecjude del puerto de Mazatlán el 18 de septiembre del 2008; homicidio y decapitación de las tres personas que aparecieron en las inmediaciones del Huajote, municipio de Concordia, Sinaloa, el pasado 25 de septiembre del 2008.

El patrón del Mayor, decía el mismo comunicado, es un individuo al que conocen con el alias del Chaguín, quien junto con Lucio Miguel Cruz Torres y Manuel Luján Bañuelos, el Manuelillo, controlan las operaciones delictivas en la plaza de Mazatlán.

No hubo, de la parte oficial, información adicional. Apoyado en fuentes federales, se pudo establecer que el Chaguín opera desde hace tiempo en Nayarit y que en su etapa más reciente está siendo apoyado financieramente por un hermano del extinto Carlos Tirado Lizárraga, el Carlillos, asesinado junto con once de sus sicarios el 16 febrero de 2005.

Caras de terror

Sean los nombres o los hechos, en Mazatlán la violencia ha trastocado los planes de gobierno y la vida misma del puerto. El alcalde Jorge Abel López Sánchez destinará más recursos a la seguridad que a ningún otro programa. No hay, dice, un problema que le quite el sueño más que éste. Mientras, los jefes policiacos se encierran en su mutismo. El secretario de Seguridad Pública, Gilberto Acuña Armenta, mejor no quiere hablar del tema. Esquiva las preguntas y se esconde en el mismo miedo de las corporaciones federales, que tampoco hablan.

Los policías municipales tienen miedo, aunque son ellos los que se han llevado todo el mérito en los principales golpes que ha recibido el “sicariato”, sobre todo en la aprehensión de los ocho gatilleros del 27, y de los otros ocho detenidos el viernes 3 de octubre.

Esto, a pesar de que no sobran los recursos. Una visita a las instalaciones de la Policía Municipal basta para comprender el tamaño del desafío en tan precarias condiciones. No hay seguridad en los accesos. Dos o tres policías panzones ven pasar a las visitas mientras comen jícamas y chimichangas. “Ni modo —dice el secretario—, no los puedo traer arriba de las patrullas y son los que se quedan aquí. Nos faltan patrullas, nos faltan hombres, armas, recursos, pero con lo que tenemos le estamos haciendo frente a la situación”.

De origen texano, la Barbie deja terror y muerte a su paso

Perfil de un criminal

Édgar Valdez. El Texano.

Tal vez el dato más inquietante de la información generada a partir de las detenciones del 27 de septiembre es que en Mazatlán está operando Édgar Valdez Villarreal, la Barbie, porque no es un personaje cualquiera. Es, desde hace mucho tiempo, uno de los principales guerreros de Arturo Beltrán Leyva, encargado de abrir plazas a sangre y fuego, y que por donde pasa deja siempre una estela de muerte y terror.

De acuerdo con los registros de la DEA y de la PGR, Valdez Villarreal es originario de Texas. Poco después de cumplir 18 años fue encarcelado en Estados Unidos acusado de daños, pero recobró la libertad. De 35 años de edad, también tiene antecedentes penales por narcotráfico en una corte de Nueva Orleans; una vez fue detenido con droga en Missouri, pero quedó libre.

Las autoridades lo responsabilizan de ser el autor del llamado “narco-video” donde cuatro Zetas son interrogados y uno de ellos es asesinado ante la cámara. Esos miembros de Los Zetas eran cuatro de los 27 que desaparecieron en esos días de julio del 2005 en Acapulco y Zihuatanejo, de acuerdo con la información oficial.

Según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/106/2005 y datos obtenidos de investigaciones realizadas por el Ministerio Público Federal sobre el cártel de Sinaloa, Valdez Villarreal empezó a movilizarse entre Nuevo Laredo y Monterrey, territorios que, a la postre, mantuvo bajo sus dominios. En 2001, la Barbie conoció a un personaje que vio en él al sicario ideal por su grado de violencia: Arturo Beltrán Leyva, el Barbas.

Pronto, Valdez Villarreal se convirtió en la cabeza de un grupo de pistoleros que empezó a servir al cártel de Sinaloa en su conquista por las rutas del Golfo, en especial la plaza de Nuevo Laredo, aunque nunca lo logró.

Durante los tiempos dorados de la familia sinaloense conformada por los hermanos Beltrán Leyva, Joaquín Guzmán Loera y Juan José Esparragoza, la Barbie fue una pieza clave en las batallas que iniciaron contra Los Zetas, el entonces brazo armado del cártel del Golfo. En ese contexto de guerra, fue el creador de dos grupos de sicarios: Los Pelones y Los Negros.

Relaciones públicas

Un rasgo extraño de Édgar Valdez Villarreal es la búsqueda de interlocución pública con los hombres del poder. Los narcos siempre han tenido interlocución con el Gobierno, pero siempre o casi siempre ha ocurrido de manera soterrada. Esta ha sido una de las bases de la histórica relación entre el narcotráfico y el poder.

El 26 de mayo de 2006, por ejemplo, la Barbie publicó un desplegado en el diario Milenio que estuvo dirigido a la Coparmex, al gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás, a los entonces candidatos presidenciales y a la ciudadanía en general. En ese momento, la violencia estaba desatada en el norte del país, sobre todo en Tamaulipas y Nuevo León.

En la carta, Valdez Villarreal responsabilizó a Los Zetas de los hechos violentos que se han cometido en Nuevo León y conminó al próximo presidente a que haga prevalecer el estado de derecho contra ese grupo paramilitar, cosa que no hizo el actual gobierno.

“Convoco al nuevo sexenio que se aproxima, y al hombre que se le deposite la confianza para encabezarlo por medio del sufragio, tenga el valor para hacer prevalecer el estado de derecho, mismo que debe regir de manera igualitaria, un sexenio que contenga acciones contundentes y firmes para acabar con ese gran cáncer de narco-secuestradores y asesinos de mujeres y niños”, dice el texto.

No era la primera vez que lo hacía. En su libro Narcotráfico, el gran desafío de Calderón, el periodista Alejandro Gutiérrez documenta:

El 12 de septiembre de 2004, el periódico El Mañana, de Nuevo Laredo, publicó una carta del “empresario” Édgar Valdez Linares —que localmente se asegura en realidad es la Barbie—, en la que pide al presidente Fox “poner alto a la impunidad, inseguridad e injusticia en Nuevo Laredo, Tamaulipas”. En el mismo tono publicó una en otro medio, firmada en Saltillo, Coahuila, en la cual revela que fue secuestrado por Los Zetas.

La carta concluye: “Señor presidente, respetuosamente preguntamos ¿acaso el Ejército Mexicano y la Procuraduría General de la República carecen de medios y elementos para acabar con dichos grupos delictivos?”.

La exposición pública de la Barbie obligó a Arturo Beltrán a pensar en un relevo, tal vez por eso no había noticias de él en los últimos meses. Pero reapareció en Mazatlán. Y ahora, dice el gobierno, aliado con Los Zetas.


Se llama Efraín Solís Canares, tiene 30 años y le dicen el Tecolote. Vivía en Jesús María, municipio de El Nayar, Nayarit, y el Cuatro lo contrató para pizcar mariguana en Sinaloa. “Cinco mil pesos semanales”, le dijo. Cuando llegó aquí lo metieron a una casa de seguridad. Un día lo sacaron para hacer un “jale”. Horas después “levantaron” a tres hombres y se los llevaron a un potrero para torturarlos. Luego los mataron.

El Tecolote degolló a uno de ellos y cuando vio que ya no se movía, le cortó la cabeza con el mismo cuchillo. Dos de sus cómplices hicieron lo mismo con los otros dos. Tres días después lo detuvieron junto con otros siete cuando pretendían asaltar una constructora. La policía dijo que se trata de una célula de Los Zetas al servicio de Arturo Beltrán Leyva. Ahora él cuenta su historia desde la cárcel.

Era su segunda estancia en Sinaloa. La primera vez que vino, dos meses antes, lo llevaron a un lugar de la sierra que no identifica. Era un cerro, dice, y había muchos hombres armados. “Allá comíamos y dormíamos sin hacer nada. Yo traía una R-15”, recuerda.

Los llevaron en camionetas y les dijeron que había que esperar hasta que la mota se pusiera bien. Dormían en el suelo, en las piedras, sin una cobija, nada, a la intemperie. Mientras, todos los días iban y venían camionetas. Eran los que hacían el desmadre, cuenta. Y se apartaban, no hablaban con nosotros. Como que eran de Durango, se oía, pues. Iban y venían.

—¿Qué hacían ahí?
—Pues nomás allí nos tenían comiendo a nosotros, y había otra gente; son los que salían, pues, a hacer sus desmadres. Y ya que me di cuenta que no era así, que no nos querían para cortar mota, yo me pelé, pues. Yo miraba a la demás gente que salía afuera, parecía que eran de Durango esa gente. Así se oían comentarios; casi no se daban a ver con nosotros, nos tenían muy aparte, pero allí mismo, y siempre lejecitos. Y yo les dije: “No pues no me gusta este ‘jale’. No, ustedes van a pizcar mota, nomás que hay otra gente que está trabajando diferente. Ustedes, dijo, van a pizcar mota. Nomás espérenme, dijo, la mota todavía no se pone buena. Bueno, entonces le dije: Mi familia está mala; mientras se pone la mota, voy a ver a mi familia, y me dieron chanza que me fuera; y duré como un mes y 15 días, o más duré en el rancho, y ya no me quería venir.

“Y un día me llamaron al teléfono de la casa: Ya vente, me dijeron, ya la mota se está poniendo, para que se vayan a trabajar; traite otro trabajador. “Y yo les dije: Si es cierto que vamos a pizcar mota, o me van a meter como los demás que andaban haciendo su desmadre, a mí no me gusta ese ‘jale’, la neta, yo nunca he andado en eso, ese ‘jale’, no me gusta. No, dijo, de que van a pizcar mota ustedes van a pizcar, los que están haciendo esos ‘jales’ son otros, dijo. Ah, bueno, dije, ya me animé otra vez y me vine”.

—Tú habías pizcado mota antes…
—Allá en el rancho en Nayarit, pero ahorita ya no se puede sembrar. Yo por eso me bajé a Tepic a trabajar de albañil, porque ya trabajo pizcando mota no había. Me bajé a Tepic a trabajar de albañil y cuando no había de albañil le entraba a los colados, y así me la llevo ganándome la vida. Yo tenía tres o cuatro días allí cuando el Cuatro llegó ofreciendo ese trabajo.

La segunda vuelta

Esta vez llegó el 21 de septiembre. Iba acompañado por otro apodado el Chanclas. Era domingo. Hizo una llamada a un teléfono que dice no recordar y más tarde pasaron por él en una camionetita. Lo llevaron a una casa de seguridad. Ya había otros hombres ahí, seis o siete, todos de Nayarit. No pasó mucho tiempo para darse cuenta en dónde estaba metido. Vio sangre en el piso y preguntó. “Es que otros hicieron un jale aquí”, le dijeron.

—Cuando miré la sangre me asusté, pues, qué había pasado allí. No pues ya me dijeron que habían estado otros no sé de dónde, que habían hecho un desmadre. Y yo les dije: si así van a seguir, mejor yo me voy a ir. Yo estaba esperando mi raya nomás para pelarme más que nada, porque este “jale” a mí no me había gustado. No me gusta, más que nada, pues.

—¿Te dijeron que habían matado policías ahí?
—No, no.

—¿Qué te dijeron?
—Que habían hecho “jales”…

—¿Que habían decapitado a alguien?
—Ándele, pero no supe a quiénes.

—¿Quién te dijo eso?
—El Tejón, el Cuatro; porque ellos nomás llegaban entrada por salida con nosotros.

—¿Conociste al Cuatro?
—Sí, sí lo conocí, de vista pues.

—¿De dónde es?
—Supuestamente es de un rancho que le dicen el Cochalón.

—De Nayarit…
—Sí, de Nayarit, pero no se deja ver allá tampoco. Yo pienso que ya tiene tiempo trabajando con esa gente, porque allá casi no lo vemos. No lo conocía, hasta aquí lo conocí.

“… y así estuvimos, encerrados, no nos dejaban hacer nada, ni salir para nada. Como a los dos tres días nos sacaron a hacer ese ‘jale’, pues. Nomás nos dijeron, Vamos a dar una vuelta. Ya está, me subí, y cuál dar vuelta, era para… Fue un miércoles, pues, cuando hicimos un ‘jale’”.

El Tecolote agacha la cabeza. Casi siempre, durante la entrevista, realizada en la oficina de dactiloscopía del penal de Mazatlán; tiene la mirada clavada en el piso como un cuchillo.

—¿Qué “jale”?
—De unos señores que levantamos.

—¿Quiénes eran?
—Pues yo no los conocía, pero los estuvieron interrogando. Yo oí que el mentado Calabazo y los otros; que uno era albañil, que otro baterista, pero esos no tenían qué ver nada pues. Nomás el puro Calabazo, que por una “carga”, no sé. Nosotros estábamos lejecitos, siempre nos mantenían lejos a nosotros. Y ya, decían, los vamos a soltar. Pero ya a la mera hora, ya más noche, las cosas no fueron así.

Los habían levantado como a las cuatro de la tarde, en Caleritas, sindicatura de Villa Unión, en casa de Cruz Valenzuela Osuna. Iban por él, pero había otros dos hombres en la casa y también se los llevaron. Sus familiares reportaron el “levantón” esa misma tarde, pero no los han de haber buscado porque los sicarios no fueron muy lejos. Tomaron hacia el sur por la carretera México 15 y en el kilómetro 249 se metieron por una brecha. Iban en dos camionetas. Ahí estuvieron más de 12 horas, torturándolos, hasta que los mataron.

—¿Y qué pasó en la noche?
—No, pues ahí nos tuvieron junto con ellos. Y a ellos sí los golpeaban pues. El Cuatro, el Tejón, el Patrullas, les daban golpes; ellos recibían órdenes pero no sé de quién, eso sí no supe. Se comunicaban por radio con otra persona, porque se oía la platicadera. Y ahí a nosotros no nos dejaban que nos arrimáramos para nada.

“No pues, ya de allí se hizo más noche, y más noche y no los soltaban, y yo les pregunté: Oigan ¿no los van a soltar a estos señores? No, dijo, tú espérate, no te estés metiendo en estas cosas. Además, dijo, nosotros no nos mandamos solos. Y otra vez ya se los trajeron pa’cá; los interrogaron, no sé qué les pedirían.

“Al Calabazo yo recuerdo que le reclamaban drogas, cargamento más que nada. Yo lo único que escuché que decía: Yo lo tire al agua, yo no me lo robé, porque no me dejaban pasarla. No sé para dónde, porque supuestamente los marinos se la iban a hallar.

“Ya que nos íbamos a venir, nos forzaron para que los matáramos. Y yo les dije: Sabes qué, yo nunca he matado, nunca he hecho este ‘jale’. Además no venimos a eso, pues. No, no, aquí tienes que hacer lo que nosotros digamos porque si no aquí te vas a quedar con ellos también.

“Así nos amarraron a todos los que íbamos. A ‘huevo’ agarré el cuchillo; la neta, no pues, dije, me van a joder, pues no quería hacer esto, pero ellos querían que nos embroncáramos más que nada. Pero el mando era de ellos, nos forzaban, la verdad nos forzaron; pero yo nunca he hecho estos jales”.

—¿Qué hiciste?
—No pues, ya me dijeron mátalo; no, le digo, yo no quiero matarlo. Lo tienes que hacer, me amagaron, y a “huevo” lo hice, la verdad, para qué voy a decir que no lo hice… a “huevo” pues.

—¿Con qué lo mataste?
—Con un cuchillo que ellos me dieron. El Cuatro me lo dio. No sé de dónde lo sacaron ellos.

—¿Qué recuerdas de los otros dos que mataron?
—No, pues dijeron que no querían morirse, que ellos no tenían nada qué ver en eso. A uno lo mató el Chocole, y al otro el Diablo. Y recuerdo que decía que él no tenía nada qué ver, nada, que nomás los ayudó a “taspanar”, que los invitó el Calabazo, mentado. Y el que vivía a un lado decía que era albañil, que no tenía qué ver nada. Y el otro decía: “Yo soy baterista, nomás porque me ofreció dinero, me dijo que me iba a pagar, y yo ocupaba dinero, por eso me fui con él a ayudarle. Pues nosotros no tenemos qué ver nada en esto”, ellos decían eso. Pero los demás no les hacían caso.

—¿A quién asesinaste tú?
—A mí me mandaron: tú vas a matar este, me dijeron, y el otro al otro. Y pues, yo no sabía, como ya era noche; al último me di cuenta que era el Calabazo. Me tocó matarlo a mí, pobre, me daba lástima. Yo nunca he hecho este “jale”, la verdad estaré loco, pero no.

—¿Quiénes les daban órdenes?
—El Cuatro, el Tejón y el Patrullas.

Los asesinaron uno por uno. Luego los decapitaron. Ya que habían consumado las ejecuciones, Efraín empezó a caminar, asustado. A dónde vas, le dijo uno de los jefes; véngase, a ti te toca llevar las cabezas a la carretera. No, le dijo, manda a otro; no, tú tienes que hacerlo, tú tienes que hacerlo, si no ahorita te vamos a matar.

Al amanecer regresaron a Mazatlán a la misma casa de seguridad, en Lomas de Mazatlán.

“Yo iba bien asustado por lo que había hecho; como yo dormía en el segundo piso, me subí, me acosté, me encerré. Me acosté pensando, la verdad. El señor ese me asustó esa noche porque no sé me olvidaba cuando se estaba muriendo. Me disculpaba con él, pues yo no quería hacerlo, pero me obligaron. Cada que me estaba durmiendo, sentía que me ahorcaba, así pues, como que él llegaba allí conmigo, como que me iba a ahorcar y no podía dormir”.

Sábado negro

Efraín tiene esposa en Jesús María del Nayar y aceptó como suyos dos hijos que no llevan su sangre. Se llama Mariana Flores Lamas y está embarazada. Será niña, dice. Consume droga, pero no lo ha hecho desde que llegó a Mazatlán. Sus patrones no querían que consumieran droga estando en la casa. El Tejón les llevaba cerveza de vez en cuando, a escondidas, pero nada de drogas.

Dice que el Cuatro es de Nayarit, también, pero piensa que ya tiene tiempo trabajando para esta gente porque no se deja ver por allá.

—¿Sabías para quién estaba trabajando?
—No.

—¿Habías oído hablar de Los Zetas?
—Nomás en las canciones, en las canciones, pero así, personas en comentarios, no, no. No he escuchado nada, no sabía ni de qué se trataba, pues. Nosotros veníamos a buscar chamba, a pizcar mota más que nada.

—¿Nunca dijeron quién era el patrón?
—No, nunca dijeron.

—¿Nunca te enteraste quién los había contratado, para quién estabas trabajando?
—No, no, hasta ahorita que oí, que el Chaguín o algo así, hasta ahorita, pero nunca lo vi. El que se dejaba ver era el Patrullas, el Cuatro y el Tejón. Son los que llegaban allí.

—¿Alguna vez pensaste que estabas trabajando para Los Zetas?
—No, nunca me di cuenta ni allí hacían comentarios, nada pues.

—¿Te asusta esto que te está pasando?
—Pues sí oiga, ya ahorita nos tienen mala idea pues, por lo que hicimos más que nada. Y sí me da miedo cuando vaya a salir o aquí donde estoy, por hacer eso, pero yo no quería hacerlo, la verdad. Siento miedo, porque esas cosas nunca las había hecho. Yo sé que no está bien lo que hice, pero me forzaron y tuve que hacerlo.

El sábado 27 llegó el Patrullas a media mañana y les dijo que se alistaran porque iban hacer un “jale”. Salieron en dos camionetas y se encaminaron para el lado de la Marina Mazatlán. No se los dijo, pero pretendía que asaltaran una constructora. Era día de pago a los albañiles. Pero las cosas se les complicaron. La Policía Municipal recibió el reporte de vehículos con gente armada y los localizaron. A partir de ese momento se escribió el destino de los ocho gatilleros. Los cercaron. Intervino el Ejército, la Marina, la Policía Federal, los estatales. No faltó nadie en la cacería. Al no conocer el terreno, los sicarios se metieron a un lugar de donde ya no podrían salir. Tomaron un rehén pero más tarde tuvieron que soltarlo. Más tarde se entregaron.

—¿Cómo ha sido la relación con tus compañeros a partir de que los detienen? ¿Qué te ha dicho el Patrullas, has tenido recomendaciones o amenazas?
—Pues, hasta ahorita nada. El Patrullas quería que habláramos bien de él, que lo defendiéramos. Pero por qué, le digo, tú siempre llegabas regañándonos cuando estabas en la casa, diciendo que tenías órdenes de golpearnos. Cualquier cosa que no hacíamos bien nos castigaba, y no nos dejaban salir para nada.

—No es común que un sicario confiese sus crímenes, menos cuando han sido tan atroces como el que cometiste tú, ¿por qué lo haces?
—Porque estoy arrepentido. Yo nunca he hecho ese “jale”, nunca lo he hecho; había peleado así, callejero, pero ya de matar, la verdad no… yo quisiera que me perdonara, la verdad; es la primera vez que yo ando cayendo por aquí haciendo estos “jales”. No es porque yo quisiera hacer el trabajo.

—¿Que te perdonara quién?
—Pues la familia de la persona; pues se va a dar cuenta de lo que pasó; me van a echar la culpa que yo lo hice.

—Tú lo estás reconociendo ya…
—Sí, pues sí; no está bien lo que hice. Pero yo no lo hice por mi gusto, simplemente me forzaron. Otros, los “jefes” me mandaron, y si no lo hacía me iban a matar también.


Se llama Efraín Solís Canares, tiene 30 años y le dicen el Tecolote. Vivía en Jesús María, municipio de El Nayar, Nayarit, y el Cuatro lo contrató para pizcar mariguana en Sinaloa. “Cinco mil pesos semanales”, le dijo. Cuando llegó aquí lo metieron a una casa de seguridad. Un día lo sacaron para hacer un “jale”. Horas después “levantaron” a tres hombres y se los llevaron a un potrero para torturarlos. Luego los mataron.

El Tecolote degolló a uno de ellos y cuando vio que ya no se movía, le cortó la cabeza con el mismo cuchillo. Dos de sus cómplices hicieron lo mismo con los otros dos. Tres días después lo detuvieron junto con otros siete cuando pretendían asaltar una constructora. La policía dijo que se trata de una célula de Los Zetas al servicio de Arturo Beltrán Leyva. Ahora él cuenta su historia desde la cárcel.

Era su segunda estancia en Sinaloa. La primera vez que vino, dos meses antes, lo llevaron a un lugar de la sierra que no identifica. Era un cerro, dice, y había muchos hombres armados. “Allá comíamos y dormíamos sin hacer nada. Yo traía una R-15”, recuerda.

Los llevaron en camionetas y les dijeron que había que esperar hasta que la mota se pusiera bien. Dormían en el suelo, en las piedras, sin una cobija, nada, a la intemperie. Mientras, todos los días iban y venían camionetas. Eran los que hacían el desmadre, cuenta. Y se apartaban, no hablaban con nosotros. Como que eran de Durango, se oía, pues. Iban y venían.

—¿Qué hacían ahí?
—Pues nomás allí nos tenían comiendo a nosotros, y había otra gente; son los que salían, pues, a hacer sus desmadres. Y ya que me di cuenta que no era así, que no nos querían para cortar mota, yo me pelé, pues. Yo miraba a la demás gente que salía afuera, parecía que eran de Durango esa gente. Así se oían comentarios; casi no se daban a ver con nosotros, nos tenían muy aparte, pero allí mismo, y siempre lejecitos. Y yo les dije: “No pues no me gusta este ‘jale’. No, ustedes van a pizcar mota, nomás que hay otra gente que está trabajando diferente. Ustedes, dijo, van a pizcar mota. Nomás espérenme, dijo, la mota todavía no se pone buena. Bueno, entonces le dije: Mi familia está mala; mientras se pone la mota, voy a ver a mi familia, y me dieron chanza que me fuera; y duré como un mes y 15 días, o más duré en el rancho, y ya no me quería venir.

“Y un día me llamaron al teléfono de la casa: Ya vente, me dijeron, ya la mota se está poniendo, para que se vayan a trabajar; traite otro trabajador. “Y yo les dije: Si es cierto que vamos a pizcar mota, o me van a meter como los demás que andaban haciendo su desmadre, a mí no me gusta ese ‘jale’, la neta, yo nunca he andado en eso, ese ‘jale’, no me gusta. No, dijo, de que van a pizcar mota ustedes van a pizcar, los que están haciendo esos ‘jales’ son otros, dijo. Ah, bueno, dije, ya me animé otra vez y me vine”.

—Tú habías pizcado mota antes…
—Allá en el rancho en Nayarit, pero ahorita ya no se puede sembrar. Yo por eso me bajé a Tepic a trabajar de albañil, porque ya trabajo pizcando mota no había. Me bajé a Tepic a trabajar de albañil y cuando no había de albañil le entraba a los colados, y así me la llevo ganándome la vida. Yo tenía tres o cuatro días allí cuando el Cuatro llegó ofreciendo ese trabajo.

La segunda vuelta

Esta vez llegó el 21 de septiembre. Iba acompañado por otro apodado el Chanclas. Era domingo. Hizo una llamada a un teléfono que dice no recordar y más tarde pasaron por él en una camionetita. Lo llevaron a una casa de seguridad. Ya había otros hombres ahí, seis o siete, todos de Nayarit. No pasó mucho tiempo para darse cuenta en dónde estaba metido. Vio sangre en el piso y preguntó. “Es que otros hicieron un jale aquí”, le dijeron.

—Cuando miré la sangre me asusté, pues, qué había pasado allí. No pues ya me dijeron que habían estado otros no sé de dónde, que habían hecho un desmadre. Y yo les dije: si así van a seguir, mejor yo me voy a ir. Yo estaba esperando mi raya nomás para pelarme más que nada, porque este “jale” a mí no me había gustado. No me gusta, más que nada, pues.

—¿Te dijeron que habían matado policías ahí?
—No, no.

—¿Qué te dijeron?
—Que habían hecho “jales”…

—¿Que habían decapitado a alguien?
—Ándele, pero no supe a quiénes.

—¿Quién te dijo eso?
—El Tejón, el Cuatro; porque ellos nomás llegaban entrada por salida con nosotros.

—¿Conociste al Cuatro?
—Sí, sí lo conocí, de vista pues.

—¿De dónde es?
—Supuestamente es de un rancho que le dicen el Cochalón.

—De Nayarit…
—Sí, de Nayarit, pero no se deja ver allá tampoco. Yo pienso que ya tiene tiempo trabajando con esa gente, porque allá casi no lo vemos. No lo conocía, hasta aquí lo conocí.

“… y así estuvimos, encerrados, no nos dejaban hacer nada, ni salir para nada. Como a los dos tres días nos sacaron a hacer ese ‘jale’, pues. Nomás nos dijeron, Vamos a dar una vuelta. Ya está, me subí, y cuál dar vuelta, era para… Fue un miércoles, pues, cuando hicimos un ‘jale’”.

El Tecolote agacha la cabeza. Casi siempre, durante la entrevista, realizada en la oficina de dactiloscopía del penal de Mazatlán; tiene la mirada clavada en el piso como un cuchillo.

—¿Qué “jale”?
—De unos señores que levantamos.

—¿Quiénes eran?
—Pues yo no los conocía, pero los estuvieron interrogando. Yo oí que el mentado Calabazo y los otros; que uno era albañil, que otro baterista, pero esos no tenían qué ver nada pues. Nomás el puro Calabazo, que por una “carga”, no sé. Nosotros estábamos lejecitos, siempre nos mantenían lejos a nosotros. Y ya, decían, los vamos a soltar. Pero ya a la mera hora, ya más noche, las cosas no fueron así.

Los habían levantado como a las cuatro de la tarde, en Caleritas, sindicatura de Villa Unión, en casa de Cruz Valenzuela Osuna. Iban por él, pero había otros dos hombres en la casa y también se los llevaron. Sus familiares reportaron el “levantón” esa misma tarde, pero no los han de haber buscado porque los sicarios no fueron muy lejos. Tomaron hacia el sur por la carretera México 15 y en el kilómetro 249 se metieron por una brecha. Iban en dos camionetas. Ahí estuvieron más de 12 horas, torturándolos, hasta que los mataron.

—¿Y qué pasó en la noche?
—No, pues ahí nos tuvieron junto con ellos. Y a ellos sí los golpeaban pues. El Cuatro, el Tejón, el Patrullas, les daban golpes; ellos recibían órdenes pero no sé de quién, eso sí no supe. Se comunicaban por radio con otra persona, porque se oía la platicadera. Y ahí a nosotros no nos dejaban que nos arrimáramos para nada.

“No pues, ya de allí se hizo más noche, y más noche y no los soltaban, y yo les pregunté: Oigan ¿no los van a soltar a estos señores? No, dijo, tú espérate, no te estés metiendo en estas cosas. Además, dijo, nosotros no nos mandamos solos. Y otra vez ya se los trajeron pa’cá; los interrogaron, no sé qué les pedirían.

“Al Calabazo yo recuerdo que le reclamaban drogas, cargamento más que nada. Yo lo único que escuché que decía: Yo lo tire al agua, yo no me lo robé, porque no me dejaban pasarla. No sé para dónde, porque supuestamente los marinos se la iban a hallar.

“Ya que nos íbamos a venir, nos forzaron para que los matáramos. Y yo les dije: Sabes qué, yo nunca he matado, nunca he hecho este ‘jale’. Además no venimos a eso, pues. No, no, aquí tienes que hacer lo que nosotros digamos porque si no aquí te vas a quedar con ellos también.

“Así nos amarraron a todos los que íbamos. A ‘huevo’ agarré el cuchillo; la neta, no pues, dije, me van a joder, pues no quería hacer esto, pero ellos querían que nos embroncáramos más que nada. Pero el mando era de ellos, nos forzaban, la verdad nos forzaron; pero yo nunca he hecho estos jales”.

—¿Qué hiciste?
—No pues, ya me dijeron mátalo; no, le digo, yo no quiero matarlo. Lo tienes que hacer, me amagaron, y a “huevo” lo hice, la verdad, para qué voy a decir que no lo hice… a “huevo” pues.

—¿Con qué lo mataste?
—Con un cuchillo que ellos me dieron. El Cuatro me lo dio. No sé de dónde lo sacaron ellos.

—¿Qué recuerdas de los otros dos que mataron?
—No, pues dijeron que no querían morirse, que ellos no tenían nada qué ver en eso. A uno lo mató el Chocole, y al otro el Diablo. Y recuerdo que decía que él no tenía nada qué ver, nada, que nomás los ayudó a “taspanar”, que los invitó el Calabazo, mentado. Y el que vivía a un lado decía que era albañil, que no tenía qué ver nada. Y el otro decía: “Yo soy baterista, nomás porque me ofreció dinero, me dijo que me iba a pagar, y yo ocupaba dinero, por eso me fui con él a ayudarle. Pues nosotros no tenemos qué ver nada en esto”, ellos decían eso. Pero los demás no les hacían caso.

—¿A quién asesinaste tú?
—A mí me mandaron: tú vas a matar este, me dijeron, y el otro al otro. Y pues, yo no sabía, como ya era noche; al último me di cuenta que era el Calabazo. Me tocó matarlo a mí, pobre, me daba lástima. Yo nunca he hecho este “jale”, la verdad estaré loco, pero no.

—¿Quiénes les daban órdenes?
—El Cuatro, el Tejón y el Patrullas.

Los asesinaron uno por uno. Luego los decapitaron. Ya que habían consumado las ejecuciones, Efraín empezó a caminar, asustado. A dónde vas, le dijo uno de los jefes; véngase, a ti te toca llevar las cabezas a la carretera. No, le dijo, manda a otro; no, tú tienes que hacerlo, tú tienes que hacerlo, si no ahorita te vamos a matar.

Al amanecer regresaron a Mazatlán a la misma casa de seguridad, en Lomas de Mazatlán.

“Yo iba bien asustado por lo que había hecho; como yo dormía en el segundo piso, me subí, me acosté, me encerré. Me acosté pensando, la verdad. El señor ese me asustó esa noche porque no sé me olvidaba cuando se estaba muriendo. Me disculpaba con él, pues yo no quería hacerlo, pero me obligaron. Cada que me estaba durmiendo, sentía que me ahorcaba, así pues, como que él llegaba allí conmigo, como que me iba a ahorcar y no podía dormir”.

Sábado negro

Efraín tiene esposa en Jesús María del Nayar y aceptó como suyos dos hijos que no llevan su sangre. Se llama Mariana Flores Lamas y está embarazada. Será niña, dice. Consume droga, pero no lo ha hecho desde que llegó a Mazatlán. Sus patrones no querían que consumieran droga estando en la casa. El Tejón les llevaba cerveza de vez en cuando, a escondidas, pero nada de drogas.

Dice que el Cuatro es de Nayarit, también, pero piensa que ya tiene tiempo trabajando para esta gente porque no se deja ver por allá.

—¿Sabías para quién estaba trabajando?
—No.

—¿Habías oído hablar de Los Zetas?
—Nomás en las canciones, en las canciones, pero así, personas en comentarios, no, no. No he escuchado nada, no sabía ni de qué se trataba, pues. Nosotros veníamos a buscar chamba, a pizcar mota más que nada.

—¿Nunca dijeron quién era el patrón?
—No, nunca dijeron.

—¿Nunca te enteraste quién los había contratado, para quién estabas trabajando?
—No, no, hasta ahorita que oí, que el Chaguín o algo así, hasta ahorita, pero nunca lo vi. El que se dejaba ver era el Patrullas, el Cuatro y el Tejón. Son los que llegaban allí.

—¿Alguna vez pensaste que estabas trabajando para Los Zetas?
—No, nunca me di cuenta ni allí hacían comentarios, nada pues.

—¿Te asusta esto que te está pasando?
—Pues sí oiga, ya ahorita nos tienen mala idea pues, por lo que hicimos más que nada. Y sí me da miedo cuando vaya a salir o aquí donde estoy, por hacer eso, pero yo no quería hacerlo, la verdad. Siento miedo, porque esas cosas nunca las había hecho. Yo sé que no está bien lo que hice, pero me forzaron y tuve que hacerlo.

El sábado 27 llegó el Patrullas a media mañana y les dijo que se alistaran porque iban hacer un “jale”. Salieron en dos camionetas y se encaminaron para el lado de la Marina Mazatlán. No se los dijo, pero pretendía que asaltaran una constructora. Era día de pago a los albañiles. Pero las cosas se les complicaron. La Policía Municipal recibió el reporte de vehículos con gente armada y los localizaron. A partir de ese momento se escribió el destino de los ocho gatilleros. Los cercaron. Intervino el Ejército, la Marina, la Policía Federal, los estatales. No faltó nadie en la cacería. Al no conocer el terreno, los sicarios se metieron a un lugar de donde ya no podrían salir. Tomaron un rehén pero más tarde tuvieron que soltarlo. Más tarde se entregaron.

—¿Cómo ha sido la relación con tus compañeros a partir de que los detienen? ¿Qué te ha dicho el Patrullas, has tenido recomendaciones o amenazas?
—Pues, hasta ahorita nada. El Patrullas quería que habláramos bien de él, que lo defendiéramos. Pero por qué, le digo, tú siempre llegabas regañándonos cuando estabas en la casa, diciendo que tenías órdenes de golpearnos. Cualquier cosa que no hacíamos bien nos castigaba, y no nos dejaban salir para nada.

—No es común que un sicario confiese sus crímenes, menos cuando han sido tan atroces como el que cometiste tú, ¿por qué lo haces?
—Porque estoy arrepentido. Yo nunca he hecho ese “jale”, nunca lo he hecho; había peleado así, callejero, pero ya de matar, la verdad no… yo quisiera que me perdonara, la verdad; es la primera vez que yo ando cayendo por aquí haciendo estos “jales”. No es porque yo quisiera hacer el trabajo.

—¿Que te perdonara quién?
—Pues la familia de la persona; pues se va a dar cuenta de lo que pasó; me van a echar la culpa que yo lo hice.

—Tú lo estás reconociendo ya…
—Sí, pues sí; no está bien lo que hice. Pero yo no lo hice por mi gusto, simplemente me forzaron. Otros, los “jefes” me mandaron, y si no lo hacía me iban a matar también.

Al servicio de la organización delictiva de los Beltrán Leyva, los detenidos en la balacera del pasado sábado en Playa Brujas, en este puerto de Mazatlán, son también parte del grupo de “Los Zetas”, además se les señala de ser los autores materiales de la muerte de los decapitados, ocurridas en las últimas semanas.
Información oficial proporcionada por la vocería del Operativo Conjunto Culiacán-Navolato, señala que los sicarios aceptaron haber llegado a Mazatlán hace uno o dos meses, y que fueron contratados por una persona que solo conocen con el apodo de “El Cuatro” para atender órdenes de Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie” o “El Mayor”, catalogado como uno de los líderes del grupo de “Los Zetas”.

Se informa que Valdez Villarreal trabaja para “El Chaguín”, quien junto con Lucio Miguel Cruz Torres y Manuel Luján Bañuelos, alias “El Manuelillo”, controlan Mazatlán.

Algunos de los detenidos aceptaron que participaron en la muerte de dos agentes federales de la división caminos, ocurrida el 12 de agosto, y también en la decapitación de los cuatro hombres encontrados en una camioneta en el Fraccionamiento El Toreo el 12 de septiembre, por la avenida del Toreo.

También se les atribuye muerte del policía municipal José Ángel Magaña Garzón, de quien dejaron afuera del Cecjude el 18 de septiembre su cabeza, y de la decapitación de tres hombres encontrados en El Huajote, Concordia, el jueves pasado, que fueron identificados como Cruz Valenzuela Osuna de 29 años de edad, de Mazatlán y las otras dos víctimas habitantes de las comunidades de Caleritas y Barrón, con los nombres de José Ricardo N. y Gilberto Sarabia Osuna de 34 años de edad, conocidos con los apodos de “El Sangre” y “El Greñas”.

Alfonso Lucas García, dijo en su declaración que él participó en los hechos del sábado, pues su función era cuidar la casa de seguridad ubicada en la Avenida Lomas de Mazatlán 205, cateada y asegurada el sábado en la noche, cateada la nochel del sábado, donde encontraron armas, explosivos, una camioneta de lujo y documentos.

Luego de un enfrentamiento a balazos que empezó pocos minutos después de las 10 de la mañana del sábado y concluyó cerca de las 20:00 horas, con la detención de ocho supuestos integrantes del grupo de Los Zetas, dos policías municipales y un marino heridos, militares realizaron un cateo en una supuesta casa de seguridad en el fraccionamiento Lomas de Mazatlán, donde aseguraron explosivos, armas, una camioneta Nitro sin placas y documentos diversos.
La casa cateada se ubica en avenida Lomas de Mazatlán 205, del fraccionamiento residencial antes mencionado y en el participaron militares y policías federales.

El cateo se inició luego de que se recibiera información de que en ese domicilio habían ingresado personas armadas, pero no se detuvo a nadie durante este operativo.

Las cosas aseguradas fueron puestas a disposición del agente del Ministerio Público federal, ubicado en la subdelegación de la PGR, en este puerto de Mazatlán.

Luego de más de seis horas de que iniciaron una serie de balaceras, las distintas corporaciones en el área lograron la detención de ocho de los presuntos sicarios.

Trascendió que los detenidos son Sergio Ramos Simón, Alfonso Lucas García, Miguel Ángel Ortíz López, Audorico Lucas, Sergio Lamas Simón, José Efraín Solís Sánchez y José Gámez Ramos, originarios del estado de Nayarit, en tanto que el octavo detenido, José Guadalupe Ramos Báez, es residente del estado de Guerrero.

Tras la múltiple detención, policías ingresaron de nuevo al cerro, ya que se creía que había dos maleantes más, uno de ellos al parecer sin vida.

El operativo de búsqueda de los otros malandrines, hasta el momento ha resultado negativo.

Autoridades desconocen si los detenidos serían puestos a disposición del Ministerio Federal o serían trasladados a la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada.

Sobre el vehículo, desde donde hirieron a un marino, se dio a la fuga.

Liberan a policía que mantenían como rehén; Detienen a un sicario

4:20 PM

MAZATLÁN._ El policía municipal que permaneció por más de 6 horas en calidad de rehén fue liberado hace unos momentos.

Así mismo, se logró la detención de un presunto sicario a quien identifican como José Guadalupe Ponce Baena.

Elementos militares y de las distintas corporaciones se acercan a una cueva donde presuntamente se esconden al menos 7 sicarios más. La seguridad en el lugar se mantiene.

En otra parte de la ciudad, ciudadanos reportan balaceras, información que no se ha confirmado.

Llega otro grupo armado a sitio de balacera; hieren a marino

3:40 PM

MAZATLÁN._ Un grupo armado, a bordo de un vehículo tipo sedán, disparó contra el cerco de seguridad ubicado en la caseta de vigilancia a unos metros de Playa Cerritos, hiriendo a un elemento de la Marina en la pierna izquierda.

A unos 10 metros del hecho se encontraba el Secretario del Ayuntamiento, Miguel Ángel Sánchez Morán, quien luego del tiroteo se retiró del lugar.

Al parecer el vehículo llegó hasta donde se tiene instalado el cerco de seguridad y disparó en al menos 10 ocasiones en contra de los elementos que resguardan la zona en donde se lleva a cabo el operativo para ubicar a presuntos sicarios, que se mantienen pertrechados en el cerro de Playa Brujas.

Luego de esta acción, se inició una persecución del vehículo rumbo a la avenida Camarón Sábalo y Carlos Canseco.

El cerco de seguridad fue reforzado y el anillo de seguridad fue ampliado.

El marino es trasladado en este momento al hospital para recibir atención médica.

Llega grupo antisecuestros al sitio de balacera

2:58 PM

MAZATLÁN._ A bordo de un helicóptero del Gobierno del Estado, cinco elementos del grupo antisecuestros arribaron al sitio donde horas antes se registraron las balaceras que al parecer mantienen a un agente de la policía municipal en calidad de rehén.

En el lugar de los hechos trasciende una eventual negociación, aunque en estos momentos se vive una tensa calma en el lugar.

La circulación se mantiene cerrada con varios anillos de seguridad implementado por el Ejército Mexicano, por lo que se recomienda a la población no acercarse a la zona.

Atacan con explosivos a gatilleros

1:30 PM

MAZATLÁN._ Elementos de la Policía Federal, a bordo de dos helicópteros, atacan en este momento con explosivos a los sicarios que se encuentran pertrechados en un cerro de Playa Brujas. Se menciona que los sospechosos se encuentran escondidos en una cueva.

También el Ejército Mexicano tomó parte de las acciones. Un pelotón de unos 50 o 60 elementos entraron en línea al cerro en busca de los gatilleros.

Los dos elementos de la policía municipal heridos fueron trasladados en ambulancias a un hospital.

Se desata nueva balacera en Playa Brujas

1:12 PM

MAZATLÁN._ Una nueva balacera se desató hace 10 minutos en las inmediaciones de Playa Brujas, en donde sicarios se mantienen pertrechados. Se dijo que el Ejército se sumó al enfrentamiento.

En la refriega resultó herido otro agente de la policìa muicipal, quien presentó un balazo en la oreja y otro en el pie, aunque se menciona que no ponen en peligro su vida.

Anteriormente también resultó lesionado un Comandante de la Dirección de Seguridad Pública, quien recibió balazos en la mano derecha, volándole prácticamente dos dedos.

Toda el área de Cerritos se encuentra acordonada, no dejan entrar ni salir a nadie. A la población se recomienda no acudir a ese lugar.

Le vuelan dos dedos de una mano a policía durante balacera

11:55 AM

MAZATLÁN._ Todas las corporaciones policiacas mantienen acordonada la zona de Playa Cerritos, desde una caseta policiaca cerca del lugar hasta la playa y por mar.

Los primeros reportes precisan que hay un comandante de la Policìa Municipal herido, al cual práctimamente le volaron dos dedos de una mano, y se habla de que los pistoleros habrían tomado de rehenes a dos elementos preventivos, aunque esta última versión no ha sido confirmada por las autoridades.

Todo comenzó con un reporte de al menos 10 personas armadas en dos camionetas en aquella zona de la ciudad.

Soldados y policías de los tres niveles de gobierno se trasladadon hasta ese punto, donde se desató una balacera, que orilló a los gatilleros a huir por el cerro de Playa Bruja.

Se dijo que desde el helicóptero de una corporación policiaca les dispararon a los delincuentes. Trascendió que los pistoleros trataban de negociar su entrega.

En el lugar se aseguraron dos vehículos: una camioneta Mitsubishi Montero, y una Pathfinder Armada Nissan.

El primer reporte de los hechos se dio a eso de las 10:10 horas, aproximadamente.

Se desata tiroteo en Playa Brujas

11:10 AM

MAZATLÁN._ Decenas de elementos de seguridad de los tres niveles de Gobierno buscan a un grupo de hombres armados, al parecer unos 10 sujetos, que presuntamente tienen de rehén a un policía.

En el lugar se reporta una balacera.

Los hechos se desarrollan por el rumbo de playa Brujas, al norte de Mazatlán. Las fuerzas de seguridad tienen rodeado un cerro.

El reporte se dio a eso de las 10:10 horas, aproximadamente.

En el lugar se hallaron dos camionetas de lujo.

Choca patrulla que iba a operativo

10:50 AM

MAZATLÁN._ Al menos cuatro policías y dos civiles resultaron heridos hace unos momentos, al chocar la patrulla 20 de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal que acudía a prestar apoyo a sus compañeros que tienen sitiados a un grupo armado en Playas Brujas, contra un Liberty.

El accidente se registró alrededor de las 10:15 horas por la Carretera Internacional al Norte entre un centro comercial y el Monumento al Agua.

El operativo continúa en el área de Playas Brujas. Ya se sumó un helicóptero de la Policía Federal y elementos están “peinando” el cerro ubicado en esa playa en busca de las personas armadas.

Rodean a supuesto grupo armado en Mazatlán

10:20 AM

MAZATLÁN._ Un grupo armado a bordo de tres camionetas está sitiado en este momento por decenas de policías a la altura de las playas Brujas. Al parecer hay varias personas heridas

Elementos de varias corporaciones policiacas siguen llegando al lugar para apoyar el operativo.

La cabeza de un policía municipal, que participó en la detención de cuatro sujetos armados, supuestamente “zetas”, fue arrojada afuera de las Instalaciones del Centro de las Ejecuciones de las Consecuencias Jurídicas de Mazatlán y su cuerpo no ha sido encontrado.

El reporte de la Policía Municipal señala que este agente que tenía por nombre José Ángel Garzón Magaña, de 30 años de edad y estaba adscrito al sector 6, vivía en la sindicatura de El Roble, a donde se dirigía luego que termino de trabajar y en el trayecto fue “levantado” por un grupo armado. El policía viajaba en un auto tsuru Nissan blanco, modelo 1990, con placas 069-NWV-5, de Baja California.

Se dijo que los sujetos que lo levantaron era siete, vestidos de negro y viajaban en una Chevrolet Suburban, color gris. Después de ser “levantado”, apenas pasaron tres horas, para que la cabeza apareciera.

Garzón Magaña, participó el 27 de agosto pasado en la detención de cuatro sujetos a las afueras de un supermercado de la Rafael Buelna, a quienes les decomisaron armas, municiones e insignias policiacas, sujetos, que fueron llevados por la PGR a México y después se dijo que los regresaron al penal de Mazatlán.

En el auto del agente municipal se encontró un arma calibre 380, supuestamente propiedad del policía.

El cuerpo de una persona, con las manos esposadas y sujetas hacia atrás, hasta el momento desconocido, fue encontrado envuelto en plasticos.

El agente del Ministerio Público especializado en Homicidios Dolosos, informó que el hallazgo se realizó por el camino que conduce a la Piedrera, cerca del ejido El Venadillo, lugar donde el pasado 25 de enero, fue localizado muerto el empresario de espectaculos Marco Antonio Abdala, luego de que fue secuestrado y se pagó un rescate superior a los 600 mil pesos.

Se dijo que la víctima vestía `short´ floreado y camiseta blanca y de aproximadamente 35 años de edad.

Esta amarrado con cinta canela y presentó varios impactos en la cabeza.

El Ejército y la Policía Preventiva detuvieron esta mañana a cuatro personas, con cuatro armas y cientos de cartuchos, sobre la avenida Rafael Buelna, en esta ciudad. Trascendió que eran del grupo de los Zetas, pero ninguna autoridad lo confirmó.
Estas personas viajaban a bordo de un auto Malibú, modelo 2006, color arena, con placas de Sinaloa, VGU 6085.

Los detenidos fueron identificados como Juan Manuel Esparza Sierra, de 34 años, quien dijo venir de Chihuahua; Severiano Barragán Pineda, de 34 años proveniente de Guerrero; Jesús Iriarte, de 41 años de Culiacán y Edgar Iván Ontiveros, de 31 años, de este puerto de Mazatlán.
Después de permanecer en las celdas de la policía municipal fueron trasladados a las instalaciones de la subdelegación de la Procuraduría General de la República (PGR), edificio que fue resguardado por agentes federales y militares.

Al revisar el auto fueron encontradas cuatro armas; dos de estas con miras telescópicas. En la cajuela encontraron cientos de cartuchos. Hasta el momento no se ha especificado la cantidad exacta.

La detención se realizó con apoyo del Ejército y la Policía Preventiva. El caso fue trasladado a la Procuraduría General de la República.