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Tag Archives: Zeta uno

Tiene debilidad por las mujeres rubias, afición por las carreras de caballos y en el último lustro se ha apasionado por otro deporte: la cacería de gacelas, cebras y animales exóticos en reservas de Coahuila y San Luis Potosí.

Nació en 1974 en Apan, Hidalgo, lugar célebre por sus pulques, y a los 17 años se inscribió en el Ejército, donde pensaba hacer una carrera en el arma de Infantería, pero siete años más tarde un ex militar lo convenció para convertirse en guardaespaldas y promover su baja voluntaria de las Fuerzas Armadas. Fue la decisión más importante de su vida, era 1998.

Hoy, Heriberto Lazcano Lazcano tiene 36 años, le dicen “El Verdugo” y maneja los hilos de más de 400 delincuentes que en 18 estados de la República han convertido en una industria al secuestro, la extorsión, el homicidio y la venta de droga.

Por eso es el número uno de “Los Zetas”.

Diversas investigaciones ministeriales y fichas de corporaciones de México y Estados Unidos que siguen de cerca a “El Lazca”, lo refieren como el hombre que logró mantener un liderazgo en la organización, gracias a sus métodos brutales para contrarrestar a los enemigos y al régimen de disciplina interna: a los “Zetas” infractores los ejecuta o los “apanda” o los deja sin comer.

Aunque se trate de un amigo, Lazcano siempre ha separado a los negocios de sus relaciones personales y eso lo sabe Alfredo Rangel Buendía “El Chicles”, uno de sus hombres de mayor confianza, quien un día le pidió dinero prestado para comprar fayuca y no le pagó en el tiempo convenido.

“Lazcano nos ordenó a todos los del Cártel del Golfo que matáramos a “El Chicles”, por lo que Iván Velásquez Caballero “El Talibán”, con clave “L 50”, le dijo que se acercara a un punto de la Colonia Madero en Nuevo Laredo, por lo que cuando llega “El Chicles” en un Sentra, lo enganchamos, es decir lo agarramos y lo íbamos a matar.

“Pero ‘El Talibán’ habló con Lazcano y le dijo que él le iba a recuperar el dinero y que nada más lo castigara, a lo que Lazcano nos ordenó que lo tuviéramos amarrado un mes, ahí teníamos la orden de darle agua una vez al día y de comer una vez al día, para que no estuviera yendo seguido al baño”, declaró el testigo protegido “Karen”.

Desde la captura de Osiel Cárdenas en 2003, este hidalguense hizo emigrar a “Los Zetas” de las drogas a otros delitos, estableció nuevas jerarquías en imitación al Ejército, incluyó en sus huestes a “kaibiles” de Guatemala y decidió desplegar operaciones de asalto espectaculares para rescatar a sus cómplices.

Sus pistoleros hoy dicen ser parte de “La Compañía” y Lazcano se ha encargado de hacerles sentir que es así, pues cada fin de año hasta organiza posadas en Matamoros con sus jefes de plaza y en ellas les informa de los relevos y cambios en la estructura criminal.

Ingreso

El 27 de marzo de 1998, Lazcano obtuvo su baja del Ejército y con ello renunció a la carrera que había iniciado el 5 de junio de 1991 en la milicia. En 7 años, según registros públicos de la Sedena, sólo logró un ascenso y sucedió el 5 de julio de 1993, a Cabo de Infantería.

El personaje que le persuadió a dejar las Fuerzas Armadas era otro militar que había desertado el 27 de septiembre de 1997, medio año antes que Lazcano. Se llamaba Arturo Guzmán Decena y a su vez había sido contratado por Osiel Cárdenas Guillén para que le organizara una especie de guardia pretoriana, pues estaría conformada sólo por ex militares. Guzmán se autodenominaba “Z-1”.

Este es el origen de “Los Zetas”, que deben su nombre al color azul zeta de los uniformes de los oficiales del Ejército.

El Subteniente Alejandro Lucio Morales Betancourt “Z-2” fue subjefe de la agrupación delictiva hasta su captura, el 17 de noviembre de 2001. Al convertirse en el testigo protegido “Yeraldine”, relató que la primera tarea encomendada a “Los Zetas” fue la eliminación de los enemigos de Osiel.

Y desde ese momento, Lazcano se hizo distinguir frente a los demás.

Morales recuerda en un testimonio rendido en la averiguación PGR/SIEDO/UEIDCS/111/2003, que precisamente en febrero de 1999 Osiel citó a Arturo Guzmán Decena “Z-1” en una casa de Reynosa y le encomendó juntar 20 pistoleros para asesinar a Rolando López Salinas “El Rolys”.

“Llegaron a una casa en Miguel Alemán ubicada sobre la Calle Décima, no logrando dicho objetivo en virtud de que solamente ingresaron Arturo Guzmán y Lazcano, realizando disparos, pero fueron recibidos a balazos por la gente que se encontraba en ese lugar.

“Lazcano disparó a un tanque de gas provocando su explosión y ante esto salimos corriendo de dicho lugar… en esa ocasión hubo muertos en esa casa, pero la Policía Ministerial se encargó de ocultarlos y de que no se supiera nada”, dijo el 15 de febrero de 2002.

Por esas fechas, en marzo de 2002, Decena y Lazcano “cazaron” a 4 agentes de la Policía Municipal de Nuevo Laredo, que notaron que les seguían. Lo peor no fue que los torturaran y les hicieran confesar que trabajaban para la banda rival, la de Dionisio Román García “El Chacho”, operador de “El Chapo” Guzmán en esa frontera.

“Los mataron Guzmán Decena ‘Z-1’, Lazcano, ‘El Caris’ y Leopoldo Flores Soto y después los incineramos adentro de un tambo de metal de 200 litros, hasta que se consumieron completamente”, relató.

Luego tocó el turno al propio “Chacho”, a quien “Los Zetas” ejecutaron el 13 de mayo de 2002.

‘Invierten’ sicarios en cártel

Entre 1997 y el 2002, Osiel Cárdenas implementó un método de inversión interna sui géneris para expandir su organización.

Le llamaban “la polla” y consistía en regalarle a cada nuevo militar y civil que ingresaba a sus filas, una suma de 3 mil dólares.

Con el dinero, debían comprar cocaína, cruzarla a Estados Unidos, colocarla en el mercado y hacerse de contactos para su distribución, contó el testigo protegido “Rafael” el 10 de abril de 2003, en la indagatoria PGR/SIEDO/UEIDCS/111/2003.

Todos compraban la droga a los colombianos Vicente y Camilo, quienes eran contactados en Coatzacoalcos. Conforme obtenían ganancias, cada Zeta las reinvertían y adquirían mayores cantidades de droga.

“Heriberto Lazcano Lazcano clave ‘Z 3’, mandaba comprar 18 kilos de cocaína”, recuerda el testigo colaborador.

La reproducción de la empresa criminal iba sobre ruedas y hasta entonces, no había registros en las investigaciones de la PGR, de que Los Zetas se dedicaran a giros delictivos ajenos al narcotráfico. Todo cambiaría en un breve periodo de tiempo.

El 14 de enero de 2002 el Ejército detuvo a Rubén Sauceda Rivera “El Cacahuate”, el tesorero de la organización, y el 21 de noviembre del mismo año, el líder histórico de Los Zetas, Arturo Guzmán Decena “El Z1”, murió en un enfrentamiento con militares en Matamoros.

El remate vino el 14 de marzo de 2003, cuando Osiel Cárdenas fue capturado en un operativo militar.

En 14 meses, el Ejército dejó a la banda sin su líder, sin el jefe de finanzas y sin la cabeza de su brazo armado. Pero coincidentemente, en ese momento se abrió un nuevo frente externo, pues Joaquín “El Chapo” Guzmán y su primo Arturo Beltrán Leyva “El Barbas”, entonces socios, decidieron invadir y arrebatarles Nuevo Laredo a Los Zetas, con una avanzada de 200 pistoleros sinaloenses.

Inició una guerra encarnizada que debían enfrentar con finanzas flacas y sin liderazgo.

Mateo Díaz López “El Comandante Mateo” o “Z 10”, recordó el 17 de julio de 2006, en el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/122/2006, que fue en esa coyuntura cuando Lazcano emergió como líder.

Sus primeras decisiones fueron importar “kaibiles” de Guatemala y capitalizarse con los secuestros, las extorsiones y homicidios dentro y fuera de Tamaulipas, para tener recursos que demandaba esta guerra.

“A la detención de Osiel, hubo muchos problemas dentro de la organización, ya que sus principales líderes como Eduardo Costilla y Gregorio Sauceda se desorientaron y querían esconderse, por lo que Lazcano con clave ‘Z-30’ retomó la organización y los calmó.

Para poder sostener una organización con diversos giros, Lazcano generó una nueva estructura dividida en células regionales especializadas por delito; “estacas” o grupos de 7 personas que operan a nivel municipal; “halcones” o vigías, y auditores que revisaban de en vez en vez a todos ellos.

Para “El Verdugo”, hay reglas básicas en cuanto a las comunicaciones entre miembros del Cártel.

“El número de Nextel de Lazcano lo grabé con las letras “Md”, pero cada vez que detienen a algún miembro de la organización, todos tiramos los teléfonos a la basura y compramos nuevos teléfonos y radios”, declaró Mateo Díaz.

Junto con la coerción, también había incentivos. “Las reuniones (de fin de año) las realizó para que todos los que trabajaban para la organización de Los Zetas se conocieran entre ellos, en esas reuniones se pagaban sus aguinaldos, participaban en rifas de casas y automóviles, que también en ese tipo de reuniones era cuando Heriberto Lazcano Lazcano designaba al personal que se iba a ir con ellos a las diferentes plazas que tenían a su mando, entre ellas México DF, a cargo de ‘El Rex'”, declaró “Karen” el 24 de junio de 2007.

Así, los Zetas resistieron.

La estructura militar bajo la que operan Los Zetas y que han trasladado y adaptado a pandillas en cada estado del país donde actualmente incursionan con gran dosis de violencia, es totalmente conocida por la Procuraduría General de la República (PGR).

Incluso, los fiscales federales saben de la forma de entrenamiento y cómo se mueve la estructura militar utilizada por Los Zetas, que después de iniciarse como el brazo armado del cártel del Golfo ahora —según esa dependencia— se asoció a los hermanos Beltrán Leyva para conformar una nueva organización criminal.

“Testigos protegidos” que pertenecieron al grupo de sicarios y ahora colaboran para la fiscalía, revelaron a fiscales los niveles y jerarquías que rigen dentro de Los Zetas y que están inspiradas también en la disciplina castrense.

Los testigos protegidos que son ahora identificados con los nombres clave de Karen, Rufino, Rafael, Gabriel y Yeraldín, proporcionaron a los fiscales de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) informes sobre cómo y dónde son adiestrados Los Zetas en condiciones especiales de sobrevivencia y ataque, según el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/014/2007 al que se tuvo acceso.

Los ahora colaboradores de la PGR dieron a conocer la forma en que ese grupo realiza labores de contrainteligencia, control de sus asociados e igualmente sobre cómo efectúan sus operativos o ejecuciones de enemigos o narcomenudistas que se niegan a colaborar y trabajar con ellos, o que los traicionan.

Las funciones de Halcones, Cobras, Zetas Nuevos y Zetas Viejos, así como el comandante en jefe de la organización, son detallados en las declaraciones de cada uno de los testigos protegidos que fueron interrogados por los fiscales federales encargados de la investigación antes citada.

La estructura

“Los Zetas, la organización criminal a la que pertenecían —dicen los testigos protegidos— tiene como comandante en jefe a Heriberto Lazcano, El Lazca, quien en ausencia de Osiel Cárdenas Guillén, preso en una cárcel de Estados Unidos, asumió el control absoluto del grupo. Él ocupa la máxima jerarquía y es quien decide quiénes son designados como comandantes en cada plaza, los lugares a dónde se mueve la gente y quiénes deben ejecutar los operativos y contra quiénes deben ir éstos”.

Ahora bien, en el nivel más bajo están a quienes se denomina como Halcones, que son los “ojos de la ciudad” o vigilantes; el siguiente nivel es el de los encargados de las tiendas o puntos, los de “productividad”, como les llaman; siguen Los L o Cobras, que son los ayudantes o encargados de dar seguridad de Los Zetas, por lo que andan equipados con una arma larga y una corta.

El siguiente nivel es el de Zetas Nuevos, quienes son los llamados Kaibiles, ex militares guatemaltecos que tuvieron entrenamiento especial y que siempre andan con las mejores armas largas y cortas, granadas, chalecos antibalas y cascos, son los encargados de entrar primero a las casas, de revisarlas y de llevar el mando en los operativos, son los encargados de ejecutar a la gente porque suponen que eso les da mas fuerza y hace honor a su categoría de Zetas Nuevos.

Incluso en caso de enfrentamientos, Los L o Cobras tienen orden de no disparar hasta que no lo hagan u ordenen los Zetas Nuevos, y en el caso de detenciones o levantones, Los L son los encargados de esposar a los sujetos y de subirlos a los vehículos, mientras los Zetas Nuevos dirigen el operativo.

Fuera de los Kaibiles guatemaltecos hay todavía en ese nivel algunos miembros del desaparecido grupo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) llamado Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes), que son desertores del Ejército Mexicano con entrenamiento especial.

Dentro de la estructura de Los Zetas está gente de mucha antigüedad en la organización y que son conocidos como Cobras Viejos o L Viejos, quienes están integrados por gente de confianza, pero por carecer de formación militar sólo pueden ser comandantes de Los L o Cobras, como es el caso del llamado El 40, Miguel Treviño, quien ahora junto con El Lazca integró el pacto para la alianza de Los Zetas con los hermanos Beltrán Leyva; El Talibancillo o Talibán 2, hermano de El Talibán; o bien El 42, quien es Omar Treviño, hermano de El 40; El 02, quien es El Meme Flores y El Bebé.

Otro nivel es el de Zetas Viejos, que son los originales y que en su mayoría fueron ex Gafes, que formaron a finales de los 90 y principios del año 2000 el grupo. Quienes están dentro de esa categoría son El comandante Mateo, El Mamito, El Hummer, El Rex, El Caprice, El Tatanka, El Lucky, El Paguita, El Cholo, El Ostos, El JC, El Cachetes, El Pita, El Bedur, El Cuije, El Chispa, El Chafe, El Tizoc, El Tejón, El Flaco, entre otros, y que llegaron a ser un grupo de casi 40 hombres.

Ahora, varios de ellos están muertos o prisioneros, de tal forma que ya son pocos quienes originalmente formaron a Los Zetas. También, los integrantes de este nivel se hacen llamar en ocasiones “los licenciados”, “los maestros” o inclusive “los ingenieros”, con el fin de evitar que se les identifique cuando se encuentran “colgados” los teléfonos que usan cada uno de ellos.

Al margen de esta estructura, el hermano de Osiel Cárdenas, conocido como Tony Tormenta, formó el grupo de Los Escorpiones que está integrado por ex militares y civiles, pero que debido al pleito que tuvo Osiel con su hermano, cuando éste último pretendió tomar su lugar dentro de la organización, fueron retirados en virtud de que Osiel cortó toda comunicación con Tony Tormenta, aunque lo dejó trabajar por su lado sin meterse con él.

Aparte de los anteriores niveles, en cada plaza, el encargado de la misma tiene “informantes”, su “contador” y su “sicario”, este último es el responsable de la seguridad personal del comandante. Por lo que hace al nivel de “informantes”, éste normalmente es una persona con conocimiento y relaciones en el lugar, que no tiene problema legal alguno y que está disponible en el momento que sea. Se mueve principalmente en la ciudad y depende directamente del comandante de la plaza.

El contador se encarga de controlar los recursos económicos de la organización en el lugar que se trate, por lo que es el que paga los sueldos de todos, las nóminas de los servidores públicos que están en contubernio con la organización y que reciben de ésta diversas cantidades de dinero. Es también quien tiene en su poder las llamadas “nóminas” donde obran los nombres de cada servidor público involucrado. El principal contador de la organización se conoce como Comandante Sol, por ser de los primeros zetas, y se encarga de mover todo el dinero, y depende directamente de El Lazca.

La Estaca

Los Zetas, según los documentos de la PGR, se mueven en una formación a la que llaman La Estaca, a semejanza de una escuadra del Ejército. Se compone de un vehículo tripulado por cuatro o cinco elementos, distribuidos jerárquicamente: el “comandante” que suele ser un Zeta Viejo o un Cobra Viejo, según se trate, Zetas o un L, quien siempre es el conductor; como su copiloto. Si se trata de Zetas Viejos, va un Zeta Nuevo o Kaibil y en la parte posterior dos o tres L o Cobras más.

Si se trata de que el comandante sea un Cobra Viejo, su copiloto puede ser un Cobra o un Zeta Nuevo y dos o tres L o Cobras atrás.

El Punto, es como se denomina a las casas de seguridad que cada comandante tiene por separado y que siempre son rentadas para que no puedan ser ligada a ellos; este lugar siempre se encuentra vigilada por un Halcón que suele andar en un vehículo que le proporciona la “organización” o “la compañía”.

Siguen los sitios donde se vende la droga y que llaman tiendas distribuidas en cada colonia o también están los “puntos callejeros” que pueden ubicarse en parques, centros comerciales o diversas esquinas. Luego de que la organización surte a las tiendas que trabajan dos turnos, uno de día, de las 8:00 de la mañana a las 12 de la noche y, el turno de noche, que es de las 12 de la noche a las 8:00 de la mañana siguiente. Hay encargados de supervisar la venta y recoger el dinero de ésta.

Existen diversas casas en cada plaza donde se realiza la confección y empaque de los pases de cocaína y heroína para surtir a las tiendas, en esos sitios se efectúa el pesaje, corte y empaque de la droga. Ahí, trabajan los maquiladores o pesadores, que son los encargados de pesar la droga y envolverla en papeles que les llaman pizas.

Cuando habla acerca de cuerpos enterrados en patios traseros de casas familiares, o de secuestros y asesinatos despiadados que acaban con un narcomensaje encima del cadáver de la víctima, lo hace con el mismo tono pausado que cuando cuenta que cobraba cada quincena un pago de 4 mil pesos en una sucursal de Elektra, o que antes de trabajar para Los Zetas fue reportero de nota roja.
A Marco Vinicio Cobo Domínguez lo conocen como “El Locochón” dentro del brazo armado del Cártel del Golfo. Trabajó ahí desde abajo como “H” o Halcón, que es el nombre que reciben los zetas de nivel raso. De ahí pasó a ser jefe de grupo, cargo que le sigue al de Halcón en una jerarquía formal que tiene la banda, parecida a la del Ejército Mexicano, y en la cual también hay comandantes segundos, comandantes y comandantes de plaza.
“El Locochón”, quien nació en Tamaulipas y residió durante 9 años en el puerto petrolero de Salina Cruz, Oaxaca, no le hace honor a su apodo durante el interrogatorio al que lo someten agentes de inteligencia militar y al cual tuvo acceso MILENIO, a través de una videograbación. Permanece estático, contestando las preguntas con voz pausada y un semblante jovial y tranquilo la mayor parte de los 32 minutos que dura la grabación obtenida.
Lleva puesta una camisa negra de manga corta con la leyenda France y el número 10 trazados en color rojo. Sólo un par de veces traga saliva y mueve bruscamente su boca, rodeada por una barba de candado delineada y esmerada, tanto que hasta parece que “El Locochón” acaba de salir de la peluquería.
Pero no.
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La cámara empieza a grabar.
-Antes de comenzar quiero preguntar si has sido víctima de golpes o amenazas, inicia los cuestionamientos el interrogador.
– Aquí no señor, desde que me trajeron no me han tratado mal, responde “El Locochón”.
-¿Cuál es tu nombre?
– Marco Vinicio Cobo Domínguez
-¿Cuál es tu apodo?
– En la familia me conocen como “El Loco” o “Locochón”
-¿De dónde eres?
– Nacido en Tamaulipas. Durante nueve años estuvimos viviendo en Salina Cruz Oaxaca
-¿A qué te dedicas?
– Yo trabajaba en un… Y estaba trabajando para una organización, revisaba en la entrada, señor.
-¿Cuál es esa organización?
– La que inicia con Z, señor.
-En concreto ¿a qué grupo u organización perteneces?
– Tengo entendido que son Los Zetas y el Cartel del Golfo.
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Al “Locochón” también lo conocían como “El Bobby Larios” dentro del mundo del crimen organizado, donde parece que los apodos, entre más excéntricos mejor. El día en que el Ejército lo atrapó, el 3 de abril de este año, este antiguo reportero de sucesos policiales cargaba un arma AR-15, calibre .223×5.56 milímetros, modelo XM15-E2S, marca bushmaster. Y dos cargadores extra.
Su detención no le sorprendió a ninguno de los periodistas del Istmo de Tehuantepec que entrevisté con la promesa de no citarlos, ante el miedo que aún provoca en esa región como en tantas otras del país, la amenaza mortal del narco. No les sorprendió el hecho a pesar de que “El Locochón” había trabajado durante varios meses como corresponsal de nota roja en Huatulco para el periódico “El Sol del Istmo”, donde también se encargaba de la distribución del diario.
“Siempre se supo que él no era reportero”, relata un periodista con la seguridad típica de quienes son infalibles gracias a la información que poseen, pero que no pueden difundir. “Desde hace tiempo aquí ya no se publica nada, nada sobre el narco. Ni siquiera las notas que aparecen en México o que son firmadas allá”, explica.
“Es más, de hecho aquí no existe el narco”, me cuenta y luego ríe. A pesar de todo, ríe.
****
-¿Qué cargo tenías en esa organización?
– Primero empecé como H que le llaman ellos Halcón y hace aproximadamente seis siete días que me llevaron a un departamento para que apoyara a un muchacho de la Central cuidándole a los demás haches de la comunidad
-Te voy a comenzar a preguntar ¿Qué cargo desempeñabas en la organización?
– El de la Central, señor, el de la Central es que les da información a todos los muchachos, a todos los haches, Ahí hay un chavo que está encargado de todo y es al que estaba apoyando
-¿Quiénes eran tus superiores?
– El Franco, el Ingeniero, el Tarzán, el Katia y el…
-¿Y de todos ellos quiénes eran tus superiores?
– Pues todos tienen cargo de comandante segundo
-Y tú que cargo tenías en esa organización
– Pues era encargado de la Central junto con Franco, pero Franco era mi superior.
-¿Cuántos tenías a tu cargo?
– Pues a todos lo haches de aquí desde Salina Cruz hasta Matías Romero.
-¿Cuánto te pagaban?
– Pues me estaba pagando 3 mil pesos, de ahí me dieron 4 mil pesos
-¿Cuánto tiempo tienes de estar trabajando para esta organización?
– Como del día 20 de enero para acá, señor.
-¿Cada cuánto te pagaban?
– Cada quincena, señor, cada 15 días.
-¿Y a quién le recibes tus pagos?
– Me los depositan en Elektra, señor y el último pago me lo dio directamente Franco en un sobre amarillo.
-¿Quién es Franco?
– El que está encargado de todas la Centrales.
-¿A quién más conoces? Descríbeme al Tarzán.
– Pues al Tarzán yo nunca lo vi de cerca, nada más lo conocí por vía telefónica, señor. Al que sí vi fue al Chanito, al Chano.
-¿Quién es ese hombre?
– Se le conoce como el Nes
-¿Y qué hace?
– Es comandante
-¿A qué le llamas comandante?
– Es que él era comandante, jefe de una cuadrilla.
-¿Cuántas cuadrillas tenías a tu mando?
– Eran 13, señor
-¿A qué se dedicaba esa organización?
– Pues los muchachos que yo estoy diciendo se encargaban de vigilar toda la carretera para los comandantes. Tengo entendido que esa organización secuestraba a gente que tuviera delito, según ellos, así decían, a gentes que se dedicaba al narcotráfico.
-¿Y a dónde los llevaban?
– Pues en Salina Cruz tenían una casa
-¿Y qué pasaba ahí?
– Pues secuestraban a la gente y, por lo que me platicó Franco, ahí habían enterrado a tres personas en la parte de atrás del patio. Pero no me dijo así con esa actitud de “aquí los enterramos” porque yo nunca entré con él. Yo nada más lo iba a dejar a la esquina de la tienda y de ahí se iba caminando.
****
El Istmo de Tehuantepec, la región de México considerada como estratégica para el país por la cercanía entre las costas oceánicas de Oaxaca y de Veracruz, es una zona donde el Cártel del Golfo ejerce su propia ley a través de Los Zetas, su brazo armado. Y para ello se valen no solamente de halcones, jefes de grupo, sicarios y comandantes en los que se divide la organización delictiva, sino que también cuentan con la colaboración de policías municipales, ministeriales y federales, de acuerdo con Marco Vinicio Cobo, “El Locochón”, un miembro de la banda detenido el pasado mes de abril.
El reportero de nota roja convertido en zeta, cuestionado por militares de la sección segunda del Ejército en una videograbación obtenida por MILENIO, revela que la banda originaria de Tamaulipas tiene bajo su servicio a servidores públicos oaxaqueños para controlar carreteras, realizar levantones y secuestros, amenazar a periodistas de la región y asesinar a militares, como sucedió con el caso del sargento José Luis Canseco López, agente de inteligencia militar degollado en el puerto petrolero de Salina Cruz.
– ¿Qué autoridades están organizadas con tu organización de los Zetas?,- pregunta el militar interrogador.
– Bueno pues en una libreta en el departamento que yo vi, están municipales de Juchitán, Tehuantepec, Salina Cruz, Ixtepec, ministerial de Ixtepec, ministerial de Salina Cruz, ministerial de Tehuantepec, ministerial de Juchitán, ministeriales de Marqués y municipales de Marqués.
– ¿Tienes los nombres?
– No, nada más venían ahí con apodos. Venía “hermano” ese hermano nunca supe qué significó pero venía “Reivi” que era personal de la Ministerial, venía “ME” que era de la ministerial de Juchitan, “Miste” que era de la Ministerial de Matías y otro que era la Ministerial de Salina Cruz y los demás venían como “Papa” … y después decía Juchitán, Tehuantepec, marcados.
– ¿Con quién consiguen las armas?
– Ahí desconozco señor porque de eso se encargaban ellos. Eso no lo hacíamos nosotros
– ¿Qué otras autoridades están involucradas?
– Por lo que tengo entendido también de la AFI pero nunca tuve oportunidad de ver número telefónicos o nombre de ellos.
– Autoridades municipales que sepas…
– Pues hasta el momento nada más esos señor, como le acabo de comentar.
– ¿A cuántos han secuestrado?
– Hasta donde yo sé, supe lo de Bracamontes (empresario secuestrado), que lo secuestraron y tengo entendido que se les escapó, y la líder del problema de cuando levantaron al militar, cuando fueron a alquilar el departamento.
****
El militar al que se refiere “El Locochón” es José Luis Canseco López, sargento segundo, quien pertenecía al XIII Regimiento de Caballería Motorizada del Ejército mexicano con sede en Ciudad Ixtepec.
– ¿Qué sabes de la muerte del militar?, reanuda el interrogatorio, el agente del Ejército.
– Por lo que dice Franco que cuando estábamos ahí en el departamento cuando leímos el periódico me dijo que era de inteligencia militar y que ya se estaba acercando mucho.
– Descríbeme los hechos…
– Ese día a mi me pasan a dejar a mi casa como a las 3 o 4 de la tarde me llevaron a un departamento en el edificio B 7 de los condominios de la colonia Petrolera, en el departamento 301. Ahí me dicen que me voy a quedar que no tenía derecho a salir, que me coordinara con Franco para ver de a qué hora a qué hora íbamos a hacer guardias, que el que estaba a cargo de todo ahí era Franco, que tenía que hacer lo que él me dijera.
Me dijo Franco que si no era yo el que iba a ir a departamento iba a ser el… Entonces como a las, no me acuerdo exactamente a qué hora de la noche, venía una camioneta roja tipo americana con una leyenda de California atrás, la reportamos porque nos habían dicho que si la veíamos la reportáramos, andaban buscando esa camioneta. Entonces un… que está ubicado en la Frontera avisa que pasó la camioneta, mandó un mensaje por teléfono
– ¿A qué hora fue eso?
– No me acuerdo exactamente de la hora pero era antes de la media noche. En… mandan mensaje y el teléfono lo contesta Franco y Franco da novedades de que habían visto la camioneta
– ¿A quién da novedades?
– Esa información se la da a Tarzán. Entonces reportan que venían unos camiones del ejército a esa hora y mandan a checar por qué no habían pasado por Tehuantepec. Entonces mandan al Metralla a checar la autopista…
– ¿Qué sucedió, qué echaron en la camioneta?
– ¿En la camioneta roja? Por lo que sé el militar amaneció muerto en… por lo que salió en el periódico.
– ¿Quién se llevó al militar?
– Pues los que estaban ahí, el Tarzán, Texas Magui, Katia son los que estaban.
-¿Dónde se llevaron al militar?
– A Matías Romero…
– ¿En qué se llevaron al militar?
– En una Pick Up roja
– ¿Quiénes mataron al militar?
– Pues tengo entendido que fueron ellos los que lo mataron, señor.
– Quiénes, da nombres
– El Tarzán, la Katia, el Texas, la Magui, el Buitre y el Zorro.
– ¿En dónde lo mataron?
– Tengo entendido que se lo llevaron a Matías
– ¿Por qué lo mataron?
– Pues por lo que me dijo Franco porque era de inteligencia militar y se estaba acercando mucho, es lo que tengo entendido señor.
*****
Junto al cadáver degollado del soldado, el cual fue encontrado el 20 de marzo, había varias bolsas con cocaína y cerca de 20 mil pesos en efectivo.
– ¿Qué sabes de la droga que dejaron?,- le pregunta al respecto el interrogador al Locochón.
– Pues de la droga y el dinero tengo entendido que lo dejaron para que pareciera un ajuste de cuentas para que pareciera que él estaba metido dentro del narcotráfico también.
– ¿Quién planeó eso?
– La Katia, el Texas, la Magui, el Buitre y el Zorro, ellos fueron quien planearon eso.
– ¿Qué drogas dejaron?
– Tengo entendido que dejaron varios miles de pesos y varias bolsas de cocaína.
– ¿Con qué propósito?
– Para que pareciera un ajuste de cuentas por el narcotráfico y que pareciera que él estaba metido en las drogas
-¿Qué mensajes dejaste?
– Los mensajes no los puse yo, porque yo estaba en el departamento con Franco. En el periódico se veían las fotos con un papel que no se alcanzaba a ver.
– ¿Qué le dijo Franco a los periodistas para que no sacaran el mensaje en el periódico?
– Bueno lo que yo tengo entendido, de cuando yo trabajé en el Sol del Itsmo es que ya estaban amenazados. Cuando yo estuve comisionado en Huatulco vendiendo periódicos y levantando la nota policiaca, a mi me prohibieron sacar una nota de unos detenidos que tenían armas y me dijeron que esa nota no se podía sacar.
-¿A qué medios de comunicación tienen amenazados los Zetas?
– Al Sol del Istmo y el del Sur y también tengo entendido que están amenazados los del Imparcial
– ¿Quién los amenaza?
– Pues eso lo hace la gente de arriba señor.

Al servicio de la organización delictiva de los Beltrán Leyva, los detenidos en la balacera del pasado sábado en Playa Brujas, en este puerto de Mazatlán, son también parte del grupo de “Los Zetas”, además se les señala de ser los autores materiales de la muerte de los decapitados, ocurridas en las últimas semanas.
Información oficial proporcionada por la vocería del Operativo Conjunto Culiacán-Navolato, señala que los sicarios aceptaron haber llegado a Mazatlán hace uno o dos meses, y que fueron contratados por una persona que solo conocen con el apodo de “El Cuatro” para atender órdenes de Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie” o “El Mayor”, catalogado como uno de los líderes del grupo de “Los Zetas”.

Se informa que Valdez Villarreal trabaja para “El Chaguín”, quien junto con Lucio Miguel Cruz Torres y Manuel Luján Bañuelos, alias “El Manuelillo”, controlan Mazatlán.

Algunos de los detenidos aceptaron que participaron en la muerte de dos agentes federales de la división caminos, ocurrida el 12 de agosto, y también en la decapitación de los cuatro hombres encontrados en una camioneta en el Fraccionamiento El Toreo el 12 de septiembre, por la avenida del Toreo.

También se les atribuye muerte del policía municipal José Ángel Magaña Garzón, de quien dejaron afuera del Cecjude el 18 de septiembre su cabeza, y de la decapitación de tres hombres encontrados en El Huajote, Concordia, el jueves pasado, que fueron identificados como Cruz Valenzuela Osuna de 29 años de edad, de Mazatlán y las otras dos víctimas habitantes de las comunidades de Caleritas y Barrón, con los nombres de José Ricardo N. y Gilberto Sarabia Osuna de 34 años de edad, conocidos con los apodos de “El Sangre” y “El Greñas”.

Alfonso Lucas García, dijo en su declaración que él participó en los hechos del sábado, pues su función era cuidar la casa de seguridad ubicada en la Avenida Lomas de Mazatlán 205, cateada y asegurada el sábado en la noche, cateada la nochel del sábado, donde encontraron armas, explosivos, una camioneta de lujo y documentos.

En la colonia Del Valle, en la ciudad de México, fue detenido uno de los principales operadores del jefe del grupo de sicarios de “Los Zetas”, Heriberto Lazcano Lazcano, alias “El Lazca” y de Miguel Ángel Treviño Morales, alias “El 40”, uno de los jefes del Cártel del Golfo.

Alfredo Rangel Buendía, alias “El Chicles”, “El Licenciado”, “L-46”, originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, fue capturado junto con otros seis sujetos, entre los que está uno de los principales distribuidores de droga del barrio de Tepito, el cual tenía la misión de crear un centro de operación en la zona metropolitana.

De acuerdo con sus primeras declaraciones, fue comisionado por su jefe directo Miguel Ángel Treviño Morales, alias “El 40”, para establecer su centro de operación en la capital del país, “a fin de ubicar y eliminar a los principales líderes de la organización criminal denominada “La Familia”, originaria del estado de Michoacán.

Dijo que la orden era eliminar a los líderes de este grupo criminal identificados como José de Jesús Méndez Vargas, alias “El Chango Méndez” y Nazario Moreno, alias “El Loco”.

Este grupo fue detenido en las inmediaciones de la colonia Del Valle, cuando policías federales ubicaron a la célula armada, que viajaba a bordo de un vehículo BMW, color blanco, con placas de circulación 592VSJ del Distrito Federal y un auto Bora, color blanco, modelo 2007, con placas de circulación 133VZB del Distrito Federal.

En su comunicado la SSP federal informó que Rangel Buendía, era el encargado de coordinar las operaciones de droga, secuestros, ejecuciones, cobro de derecho de piso, en el Distrito Federal, estado de México, Michoacán, Nuevo León y Oaxaca; aunque su principal centro de operación era la ciudad de Monterrey.

Se le imputa ser responsable de la introducción de diversos cargamentos de mercancía ilícita proveniente de Estados Unidos y China, al barrio de Tepito, en la ciudad de México.

También fueron detenidos Norberto Estévez Álvarez, de 40 años, quien era el principal distribuidor de contrabando de mercancía de procedencia ilícita, teniendo su centro de operación en el barrio de Tepito; mientras que Alberto Velázquez Núñez, alias “El Beto”, de 42 años, es uno de los principales distribuidores de Tepito, “responsable de coordinar los cargamentos de droga, así como de mercancía de contrabando y piratería”.

Asimismo fue capturado Francisco Cárdenas Bravo, un sujeto originario del estado de Jalisco, quien era el coordinador de la logística de seguridad de Rangel Buendía, y era el encargado de realizar secuestros y ejecuciones.

Mientras que Eduardo Villanueva Orozco , Jorge Ramírez Álvarez y Eduardo Gabriel Heyer Ortiz, alias “Edwin, son identificados como sicarios de esta célula criminal.

Tras una reunión realizada este domingo, Los Zetas se convirtieron en un nuevo cártel en México al independizarse dos de los líderes de los sicarios que antes trabajaban para el cártel del Golfo, con lo cual las organizaciones mexicanas del narcotráfico establecen un nuevo mapa, señala información de inteligencia del gobierno de Estados Unidos.

Un funcionario de alto nivel de la Agencia Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés), quien pidió el anonimato porque hay una investigación en curso sobre Los Zetas y es información reservada todavía, confirmó que solicitarán órdenes de aprehensión contra Heriberto Lazcano y Miguel Treviño Morales, líderes de la nueva banda, bajo cargos de narcotráfico y asesinatos cometidos en el territorio de Estados Unidos.

“La reunión de este domingo en el lado mexicano simplemente concretó una idea en la que habían estado trabajando ellos desde el año pasado, y ahora con la presión del gobierno de México sobre La Federación, pero en especial contra el cártel de Sinaloa, llegó la oportunidad para Los Zetas, lo cual es doblemente peligroso, porque pueden superar a cualquier cártel conocido ahora y representar un verdadero problema de seguridad nacional para México y Estados Unidos”, agregó.

El gobierno de EU, indicó, reconoce que Los Zetas son conocidos por sus violentos métodos e intimidación y han estado trabajando también cercanamente con corruptos oficiales de la ley.

Información de la DEA y el Centro de Inteligencia de El Paso indica que la reunión que se efectuó en Torreón este domingo fue presidida por Heriberto Lazcano, El Lazca, quien aseguró a sus socios que los contactos con los grupos de Colombia les permiten operar el tráfico de cocaína por el corredor de la frontera entre México y Estados Unidos, especialmente entre Tamaulipas y Texas, y en Tabasco, parte de la Península de Yucatán y la zona ubicada entre Guerrero y Michoacán.

Además, la información precisa que las agencias de inteligencia de Estados Unidos han monitoreado reuniones previas de Lazcano y Miguel Treviño Morales con contactos en territorio de EU con los que tienen alianzas, y a quienes aseguran la entrega de droga por contar con un brazo armado que les permite eliminar a sus enemigos, ya que su intención es posicionarse como el principal cártel en México.

De acuerdo con oficiales estadounidenses del Centro Nacional de Inteligencia sobre las Drogas, Los Zetas tienen en Estados Unidos una presencia menos estructurada que en México, pero ya tienen gerentes en la zona fronteriza y dejan a las pandillas mexicanas la distribución de la droga, por lo que este cártel podría ser más sofisticado y violento.

Sin embargo, agregan, parte de la gente de Lazcano y Treviño aún opera para el cártel del Golfo, con el cual se prevé un nuevo enfrentamiento debido a que Los Zetas leales a Osiel Cárdenas Guillén, líder del cártel del Golfo, han entrenado tanto en Estados Unidos como en México a nuevas generaciones de jóvenes sicarios.

“Los Zetas son ex soldados de las fuerzas especiales del Ejército mexicano y mantienen habilidad en el uso de armamento pesado, tácticas militares especializadas, equipo de comunicación sofisticado, recolección de inteligencia y técnicas de espionaje”, indica el reporte sobre la Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2008.

Con ganancias que llegan hasta 23 mil millones de dólares anuales por el tráfico de narcóticos en Estados Unidos, es claro saber porqué los cárteles mexicanos mantienen una guerra por el control del negocio, indica información del Centro Nacional de Inteligencia de las Drogas.

Además de traficar 90% de la cocaína que llega a Estados Unidos, los cárteles mexicanos ingresan al año más de 9 mil toneladas de mariguana producida en México, 17 toneladas de heroína y un monto no especificado de metanfetaminas, liderando así el negocio del narcotráfico en territorio estadounidense, apunta.

‘Zetas’ y Beltrán crean megacártel

Los hermanos Beltrán Leyva están asociados con el cártel del Golfo y Los Zetas, su brazo ejecutor, para crear una nueva organización que ha convertido a Sinaloa en un campo de batalla.

Según información federal, Arturo Beltrán, El Barbas, inició a mediados de 2007 negociaciones para repartir plazas del país con Heriberto Lazcano, El Lazca o Z1, jefe del grupo armado y representante de Osiel Cárdenas.

El Barbas forjó la alianza sin enterar a La Federación, que integran Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, y de la que era parte junto con sus hermanos, Alfredo y Alberto.

Por su parte, fuentes de inteligencia de Estados Unidos aseguraron que Los Zetas se convirtieron ayer en un nuevo cártel, al independizarse El Lazca y Miguel Treviño de Osiel Cárdenas.

Un funcionario de la DEA indicó que la reunión fundacional se efectuó en Torreón, Coahuila. Alertó que la consolidación de Los Zetas como cártel “representa un problema de seguridad nacional para México” y EU.

Datos oficiales indican que el pacto entre los Beltran y Los Zetas gestó la división en La Federación, que se recrudeció con la captura de Alfredo, El Mochomo, en enero pasado, detención de la que Arturo responsabilizó a El Chapo.

Alfredo tenía a su cargo la seguridad de las familias de los capos. Al ser detenido, Arturo obtuvo información y direcciones que le han facilitado la persecución y ejecución de sus rivales.